"HIDROTERMAPOLITANO" Podcast + Arte

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viernes, 7 de mayo de 2010

“LAS HUELLAS CONDUCEN AL MUSEO DE AGUASCALIENTES… o por lo menos fue el mejor pretexto”





     El 28 de febrero fue el último día que estuve en el Museo de Aguascalientes, ese lugar lleno de vida, de muerte, de historia y recuerdos, de vivencias, de arte, pero sobre todo, lleno de ausencias.

     De colegio católico a museo, el de Aguascalientes es uno de los baluartes artísticos del estado, pues en él se encuentra buena parte del quehacer de grandes personalidades locales y extranjeros. Construido en 1904, el colegio católico fungió como tal durante pocos años, pues a finales del porfiriato concluyeron sus actividades, sin embargo en 1914, siendo gobernador del estado Alberto Fuentes Dávila se acondicionó el espacio para la creación de la Escuela Normal para Varones, la cual fue clausurada a tan solo un año de haber sido creada. Años después se instalaron en la finca, el Liceo de Niñas y la Escuela Normal para Maestras; para estas acciones se requirió la ampliación del lugar, se construyó entonces el segundo patio y se modificó la fachada y pórtico, dichas remodelaciones estuvieron a cargo del Arquitecto (Post Mortem) Refugio Reyes Rivas, creador del Templo de San Antonio, que se encuentra frente al museo.

En los años 30 estaba sentado mi abuelo en la plaza principal con un grupo de amigos cuando pasó el Ingeniero J. Pani y, con sorna, le dijo: “Adiós arquitecto sin título”, a lo que el abuelo contestó: “Adiós título sin ingeniero”. Consciente de su valía, el abuelo firmaba “Arquitecto”, pues aunque estaba desligado de la enseñanza de una escuela, se desenvolvía libremente y su capacidad conjuntaba un compendio de arquitectura en todas sus obras(ROMO, 2006, 24)
     En 1975, debido al deterioro del inmueble la Escuela Normal fue reubicada, abandonando nuevamente la finca, que posteriormente quedaría a cargo del Instituto Nacional de Bellas Artes para su reconstrucción y adecuación museográfica, así en el mismo año fue reinaugurada como lo que hasta ahora es; el Museo de Aguascalientes, joya arquitectónica del estado, patrimonio cultural de los aquicalidenses y casa de los grandes artistas de Aguascalientes, Fernández Ledesma, Reyes Rivas, Herrán, Contreras.

El edificio fue objeto de otra remodelación autorizada por el gobernador J. Refugio Esparza Reyes, la restauración fue dirigida por el arquitecto Flavio Salamanca, jefe del Departamento de Arquitectura del INBA, el Museo de Aguascalientes fue inaugurado el 22 de octubre de 1975, como parte de los festejos del IV Centenario de la Ciudad de Aguascalientes(ENGEL, 1997, 282)
     En su interior, el Museo de Aguascalientes presenta las obras que conforman su propia colección, así como de colecciones familiares; entre los autores que destacan en la misma y principalmente a quienes está dedicado el museo son los conocidos tres grandes artistas de Aguascalientes:

Gabriel Fernández Ledesma – De quien sobresalen sus obras en grabado, dibujo y su “Eterna Lucha” (Que es la obra preferida de quien esto escribe).

Saturnino Efrén de Jesús Herrán Guinchard – Lamentablemente y no, las obras de Saturnino Herrán no siempre se encuentran en el Museo de Aguascalientes, primeramente porque parte del total de sus creaciones se puede observar en el Museo Nacional de Arte y ya que, de nuestro estado suelen salir sus cuadros a diversas latitudes del orbe, por cierto la idea de que en Aguascalientes se tuviera parte de su obra, se debe al poeta y promotor cultural Víctor Sandoval; es así como se obtiene para el Museo de la Ciudad, los bocetos de “Nuestros Dioses” el friso que engalanaría el Palacio de Bellas artes, expuesto se encuentra también “El Gallero” y una copia de varios metros de altura, se localiza recibiendo a los visitantes en la Carretera 45 Norte, tristemente su visibilidad se ve opacada ahora por la magnificencia de un nuevo centro comercial. 
Pienso de nuevo en la grandeza, varias décadas oculta, de Saturnino Herrán. ¿Por qué nadie dudó de su maestría pero pocos se abocaron a mirarla en los cuadros directamente? Salgo de nuevo al patio simétrico y me inunda una ola gigantesca de luz azul y me digo, como quien dice para su coleto, que la obra de Saturnino Herrán está hecha de la madera de para siempre, de todavía y un día(CAMPOS, 2002, 45)
Jesús Fructuoso Contreras “El Divino Manco” – Cuyas obras fueron comenzadas a recopilar en Aguascalientes después de 1963, a casi 60 años de su muerte, ahora el Museo de la Ciudad cuenta con las esculturas en bronce de las divinidades prehispánicas que estaban olvidadas en el mercado “Abelardo Rodríguez” de la Ciudad de México y que posteriormente algunas de ellas fueron colocadas a las afueras del Casino de la Feria; se resguarda además una copia de “Malgré Tout” (la original se encuentra en la Ciudad de México, otra copia existe en Luxemburgo) Malgré Tout “A pesar de todo” es una de las tres obras de Jesús F. Contreras hechas solamente con la mano izquierda (“El Beato Calazans” y “La Inocencia” están en posesión de sus hijos).

Ante el cadáver del divino manco rindieron tributo todas las clases sociales e intelectuales, porque en vida prodigó caridad, amor y belleza (…) No podían faltar las notas de Manuel M. Ponce, que dedicó al escultor una danza para la mano izquierda, intitulada . Es la primera obra pianística escrita a un manco. es una joya musical, desgraciadamente casi desconocida Lacónicamente dedica Ponce a su paisano - A la memoria del malogrado escultor Jesús F. Contreras -  y lo fecha en el año de 1900” (LÓPEZ, 1963, 304)
     El Museo de Aguascalientes, con salas llenas de arte, de historia pero ávidas de visitantes, sus muros resguardando la obra de los tres grandes de Aguascalientes; de igual manera, la sala Jesús Díaz de León regularmente alberga exposiciones de artistas y temáticas diversas, es así que con motivo del Bicentenario del Inicio de la Independencia de México, en dicha sala se encuentra aún, la exposición “Las Huellas de Don Miguel Hidalgo y Costilla” que consta de 54 piezas, entre pinturas, documentos, objetos personales y sacros del Padre de la Patria, dicha exposición llegó a Aguascalientes hace un par de meses siendo abierta al público de forma gratuita (cuestión digna de reconocer) mas, lamentablemente este 9 de mayo cierra sus puertas para continuar su travesía por diversos puntos de la republica.

     Para quien esto lea antes de la fecha mencionada, será posiblemente 8 de mayo, día perfecto para visitar el Museo de Aguascalientes y observar – disfrutar de “Las Huellas de Don Miguel Hidalgo y Costilla” nacido en Corralejo, Guanajuato, un 8 de mayo de 1753.




FUENTES


CAMPOS, Marco Antonio. Saturnino Herrán en Aguascalientes y la Ciudad de México. Editorial Filo de Agua. México, 2002.

ENGEL, José Luis. Diccionario General de Aguascalientes. Gobierno del Estado de Aguascalientes. Instituto Cultural de Aguascalientes, México. 1997.

________________. Efemérides de Aguascalientes Históricas y Culturales. Editorial Filo de Agua. México, 2000.

LÓPEZ Alonso, David. Jesús F. Contreras. En ACEVEDO Escobedo, Antonio. Letras sobre Aguascalientes. Instituto Cultural de Aguascalientes, México, 1963.

ROMO Reyes, Esther Eugenia. Mi abuelo Refugio. En PARTEAGUAS. Revista del Instituto Cultural de Aguascalientes. Otoño 2006, Año 2, No. 6.

PORTAL OFICIAL DEL GOBIERNO DEL ESTADO DE AGUASCALIENTES. www.aguascalientes.gob.mx

ROSALES Hernán. Jesús F. Contreras. En ACEVEDO Escobedo, Antonio. Letras sobre Aguascalientes. Instituto Cultural de Aguascalientes, México, 1963.




viernes, 23 de abril de 2010

“UNA ESTRELLA PARA PONCE”




Considero un deber de todo compositor
mexicano, ennoblecer la música de su patria,
dándole forma artística, revistiéndola
con el ropaje de la polifonía y conservando
amorosamente las melodías populares,
que son la expresión del alma nacional.
EPITAFIO DE MANUEL M. PONCE


     Sin tener idea de cómo llegar, bajé en la Estación Constituyentes del Metro de la Ciudad de México; cerca de la salida se encuentra el Panteón de Dolores, en el cual reposa el cuerpo de Manuel María Ponce Cuellar, zacatecano de nacimiento, aguascalentense por adopción y fallecido en la capital del país.

     Manuel M. Ponce, nació el 8 de diciembre de 1882, en Fresnillo, Zacatecas, y con varios días de nacido (algunos afirman que a cuatro días de su nacimiento, otros que a un par de meses) su familia decide trasladarse a la ciudad de Aguascalientes, en la cual vivió buena parte de su vida y en donde comenzó sus estudios musicales desde sus cuatro años, a cargo de su hermana Josefina y para 1890 inició clases formales de piano con Cipriano Ávila, momento en que compuso su primera obra, La danza del sarampión.

En cierta ocasión, en el Restaurante Vasco, se acercó al maestro el señor licenciado Manuel Pacheco (zacatecano) y le dijo: “Qué gusto en saludarlo, paisano”, a lo que Ponce contestó: “Paisano no, vecino” Una afirmación más del amor que siempre sintió por su estado casi natal(LÓPEZ, 1950, 300)
     Manuel M. Ponce (Director de la Orquesta Sinfónica Nacional 1917 – 1920), junto con José Pablo Moncayo, Blas Galindo, Carlos Chávez, entre otros, conforman una rama de la música mexicana que se enfocó en retomar elementos de la música tradicional y popular del país, para transformarla a la estructura de la música clásica, a crear un “Folklore Estilizado”. De ahí que las obras de éstos y varios compositores más, sean difundidas en todo el país y en el extranjero como una representación de lo que es en sí mismo, México.

     Cimiente del nacionalismo musical, Ponce representó en sus creaciones, parte de la idiosincrasia y tradición musical y literaria de Aguascalientes y del país, su obra ha sido considerada como música popular y también como música culta, tanto por su apego a las raíces del terruño, como a las significaciones artísticas del momento.

Como todos los nacionalismos, el mexicano se inició como una búsqueda de una identidad sonora, pero en su camino transformó y amplió las posibilidades expresivas y técnicas de su arte, permitiendo así el ingreso de la música mexicana a la contemporaneidad(MORENO, 1989, 18)
     Desde obras sinfónicas como Chapultepec o Ferial, sus obras para guitarra, como el Concierto del Sur, sus creaciones para piano, tales como Intermezzo, hasta creaciones de corte más popular, como lo puede ser A la Orilla de un Palmar, escribió Manuel M. Ponce piezas para guitarra, violín y piano; sin embargo de sus creaciones, tal vez sea la mayormente difundida, “Estrellita”.

Estrellita se ha editado por millares. Grabaciones y arreglos para distintas tesituras e instrumentos. Esta mexicanísima canción es la más universal de cuantas se han escrito en el orbe (…) Las palabras sencillas de los versos también se apegan a la tradición romántica mexicana. Letra y música son del mismo autor. Formó con ellas un conjunto perfecto e inspirado. La religión, la ciencia, la filosofía y las artes, con sus diferentes puntos de vista convergen hacia las estrellas: el microcosmos ante el macrocosmos. Quizá ésta sea una causa por la cual Estrellita la interpretan diferentes razas” (LÓPEZ, 1950, 300)
     La música de Manuel M. Ponce ha logrado trascender a lo local, regional y nacional, para convertirse en lo que sin duda alguna, puede calificársele como patrimonio mundial, equiparándolo con compositores de la talla de Mozart, Bach, entre otros; sin demeritar a otros grandes compositores nacionales, mas, las creaciones de Ponce, a diferencia de, por ejemplo los Sones de Mariachi de Blas Galindo, o el Huapango de José Pablo Moncayo, basados en canciones tradicionales, Ponce desarrolló un estilo peculiar que, sin separase de la tradición musical del país, al no retomar fielmente obras ya existentes, sino proponer composiciones totalmente nuevas.

     Manuel M. Ponce fue galardonado con el Premio Nacional de Ciencias y Artes en 1947, nombrado miembro del Seminario de Cultura Mexicana, director de la Escuela Nacional de Música y fundador de la Cátedra de Folklore en dicha institución; sin embargo, fallece en la Ciudad de México el 24 de abril de 1948. La capital del estado en plena verbena abrileña, a un día de festejar a San Marcos, patrono de la feria; la noticia llega a quienes convivieron con él en su infancia y juventud, no faltó quizás alguien que interpretara alguna de sus melodías al momento de conocer el hecho, tal vez, muchos asistieron al Jardín de San Marcos, a las afueras de su casa en la Calle Hebe, ya conocida entonces con el nombre del compositor, que en 1941 develara la placa que adjudicaba su nombre a dicha arteria.

El día de San Marcos de 1948 nos hallábamos en una fiesta campestre en la Huerta Games, bajo este sol de Aguascalientes que parecía una naranja de fuego. Los invitados de la feria tradicional de mi tierra departíamos con un buen ánimo bajo los árboles, entre los viejos afectos, cuando a alguien se le ocurrió dedicar un minuto de silencio en honor de quien a aquella hora descendía en la capital al perpetuo descanso del polvo (…) De pronto surgieron en la tarde las notas purísimas de un violín. “Marchita el alma” y “Estrellita” resonaron con la grave ternura de los adioses, en aquel aire que en otro tiempo inspiró al maestro, fue inevitable que los ojos no se llenaran de lágrimas(ACEVEDO, 1949, 74)
     Aún con su muerte, Ponce ha seguido vivo en la música popular del país, no en la medida que en su momento tuvo; hoy generaciones han olvidado por completo el nombre de Manuel María Ponce Cuellar, por ende, su obra; y no por nada, hoy no se difunden sus creaciones más que en algunas estaciones radiofónicas de corte cultural, escasas por cierto en nuestra entidad; en las escuelas no se menciona siquiera en nombre del compositor, sólo en el Instituto que lleva su nombre, el Centro de Estudios Musicales Manuel M. Ponce, al cual, desde un punto de vista meramente personal, le haría falta el retomar la visión de la cultura tradicional mexicana en su enseñanza.

Somos un país sin memoria; la más joven generación de compositores ignora despectivamente el grueso de la obra de Manuel M. Ponce y aun de Carlos Chávez. El desconocimiento de la obra de autores no establecidos en el santoral oficial como Miguel Bernal Jiménez o José Pablo Moncayo es absoluto” (MORENO, 1989, 24)
     Manuel M. Ponce, el compositor aquicalidense es olvidado poco a poco por los niños y por los jóvenes, gran labor la de retomar aunque sea una vez por año su música en un pequeño festival denominado “PONCEFONÍA” en el cual se muestra parte de su repertorio, tarea nuestra, asistir a estos eventos, difundirlos y por qué no, exigir cada vez más calidad en el mismo, por qué no realizarlo a una escala regional o nacional, cada quien desde su perspectiva, desde sus oportunidades, homenaje sencillo sería tal vez ir a escuchar este 24 de abril su música en el Jardín de San Marcos, frente al que fuera su hogar; yo estaré ahí, por si alguien gusta; Ponce lo merece.

     Ya en el Panteón de Dolores de la Ciudad de México, recordé la fuente ubicada en la parte posterior de la Exedra, en la plaza principal de Aguascalientes, dicha fuente cuenta con la siguiente inscripción: “AGUASCALIENTES A MANUEL M. PONCE” así mismo, es posible darse cuenta que, la estatua que acompaña dicho epígrafe, es una réplica del monumento funerario que se encuentra en su tumba.





FUENTES


ACEVEDO Escobedo, Antonio. En el aniversario de Manuel M. Ponce. En ACEVEDO Escobedo, Antonio. Letras sobre Aguascalientes. Instituto Cultural de Aguascalientes, México, 1963.

ARELLANO Olivas, Ma. Del Carmen. SANDOVAL Cornejo, Martha Lilia. Los frutos ascendentes. Juegos Florales de la Feria Nacional de San Marcos 1931-1967. Gobierno del Estado de Aguascalientes, Instituto Cultural de Aguascalientes. México, 2002.

ARETZ, Isabel. América latina en su música. Ed. Siglo XXI. México, 1975.

ENGEL, José Luis. Diccionario General de Aguascalientes. Gobierno del Estado de Aguascalientes. Instituto Cultural de Aguascalientes, México. 1997.

________________. Efemérides de Aguascalientes Históricas y Culturales. Editorial Filo de Agua. México, 2000.

LÓPEZ Alonso, David. Manuel M. Ponce. En ACEVEDO Escobedo, Antonio. Letras sobre Aguascalientes. Instituto Cultural de Aguascalientes, México, 1963.

MORENO Rivas, Yolanda. Rostros del nacionalismo en la música mexicana, un ensayo de interpretación. Fondo de Cultura Económica. México, 1989

PORTAL OFICIAL DEL GOBIERNO DEL ESTADO DE AGUASCALIENTES. www.aguascalientes.gob.mx

PORTAL OFICIAL DEL CONSEJO NACIONAL PARA LA CULTURA Y LAS ARTES. www.conaculta.gob.mx

TOPETE Del Valle, Alejandro. Feria de San Marcos – Estampas y Recuerdos. Gobierno del Estado de Aguascalientes. México 1982.





martes, 13 de abril de 2010

“TODO POR LEER EN EL JARDÍN”



“Cuando leo me lleno de vida, y cuando escribo,
esa es otra parte de la guerra que estoy haciendo”
ERNESTO GUEVARA DE LA SERNA


     ¿En serio te gusta leer? Me preguntaron hace tiempo; no recuerdo quien, lo que sí viene a mi memoria es el hecho de que la pregunta surgió en una plática telefónica un domingo por la mañana, cuando me encontraba sentado en el Jardín de San Marcos, con un libro en las manos.

     Por antonomasia, símbolo de nuestro estado, el Jardín de San Marcos representa uno de aquellos aspectos provinciales, hoy casi perdidos, del viejo Aguascalientes; el terreno que ocupa dicho jardín, fue valuado en 400 pesos y otorgado el 3 de mayo de 1931, ocupa un rectángulo de 168 metros de largo por 88 metros de ancho; sin embargo el jardín no sería en sí mismo lo que es sin la balaustrada que lo rodea, la cual comenzó a construirse el 9 de marzo de 1842, siendo Gobernador del Estado, el General Nicolás Condell; y fue hasta 1847 cuando se finalizó la obra.

     Realizado en cantera rosa y con un estilo neoclásico, el Jardín de San Marcos cuenta con cuatro puertas, las cuales se dirigen a los cuatro puntos cardinales, siendo la puerta poniente la mayormente conocida por la ubicación frente al Templo que da nombre al jardín. No obstante, tanto la balaustrada como el interior ha sufrido modificaciones al paso del tiempo, por ejemplo hubo un tiempo en que se acondicionaron más puertas, ahora en las esquinas del jardín, aunque no de la misma forma que los cuatro accesos principales, además los remates de la balaustrada han sido cambiados de ser macetas, a solamente imitar la forma de jarrón.

“¡Ay, que el jardín mutilado llora por sus cuatro esquinas! (…) ¡Ay, el Jardín de San Marcos, alhaja de la provincia…! ¡Qué dirá Enrique Fernández Ledesma, cuando describa el sacrilegio de haberte cortado las cuatro esquinas!(REYES, 2002,41)
     El Jardín de San Marcos se encuentra ubicado en el barrio del mismo nombre entre las calles Manuel M. Ponce, Enrique Fernández Ledesma y Jesús F. Contreras, personajes emblemáticos de dicho jardín, anteriormente el jardín se rodeaba de personajes mitológicos, pues las calles que lo circundaban eran las de Flora, Hebe y Juno, por cierto la casa de Manuel M. Ponce se encuentra en la que fuera la calle de Hebe, hoy con el nombre del compositor.

En una de tantas anécdotas teñidas del color local de la leyenda, se dice que en el Jardín de San Marcos, el jardín de más honda tradición de la ciudad, cerca de la puerta sur, se reunían el joven Manuel M. Ponce y los adolescentes Ramón López Velarde y Saturnino Herrán. Se habla aun una fuente, y sentados en ella, los tres deliberaban sobre la necesidad del impulso del arte criollo en el país, lejos del folclorismo indígena y de las vistosas españoladas(CAMPOS, 2002, 19)

     Cierto o no, lo interesante de esto es que de haber ocurrido así, hoy en día continúan sucediendo dichos encuentros, ya no en persona, sino en la nomenclatura de las calles que rodean al jardín. Costumbre aún persistente esa de ir a platicar al jardín, sobre todo en tiempo de la Feria de San Marcos (hoy Feria Nacional / Internacional de San Marcos); el jardín ha sido testigo fiel de la verbena abrileña, siendo parte de la evolución de la misma y del uso que se le ha dado al propio jardín; por ejemplo el tiempo en que los tapancos se encontraban a las afueras de él.

A la izquierda se ubicaban los tapancos, construidos al nivel de la balaustrada, sobre la calle de Manuel M. Ponce, y a los que se entraba por escaleras emplazadas en el jardín. Ahí estuvieron El América, el Pierre Marqués, El Negrete, El Barón Rojo, La Terraza de las Américas, El Cuchicheo, y en sus tablas se bailaba al ritmo de la música de orquestas como las de Chucho Márquez, Ladislao Juárez Ponce y Beto Díaz (REYES, 2004, 29)

     Y es que los tapancos formaron parte fundamental de las recreaciones feriales, lamentablemente fueron siendo removidos poco a poco, desde su espacio físico hasta del público que lo frecuentaba, pues, ir a un tapanco era sinónimo de sana diversión y de respeto, cuestión que cambió por completo, los tapancos fueron reubicados fuera del jardín, para ser colocados cerca de la Expoplaza y posteriormente en uno de los espacios que hoy ocupan la velaría de la feria; a estos últimos tapancos asistían los (conocidos peyorativamente como) “Cholos”, tapanco se convirtió en símbolo de desorden, de riñas, de peligro, pues incluso transitar cerca de ellos (de los tapancos) resultaba “peligroso”, aunque realmente no lo era tanto. Con la construcción de la velaría ferial, los tapancos fueron nuevamente reubicados, ahora sobre la Avenida Lienzo Charro, sin embargo no prosperaron; hoy en un abandonado taller mecánico, sólo sobrevive uno de ellos, El Barón Rojo.

     Sobrevive también la tradición musical del Jardín de San Marcos, pues aún permanece la bella y sana costumbre de escuchar a la Banda Sinfónica Municipal o a un mariachi en el kiosko del jardín, o asistir a las llamadas “Tardes Danzoneras” que el Gobierno Municipal ha organizado desde hace ya varios trienios. Por cierto, de hace unos cuanto años a la fecha, el Ayuntamiento colocó varios pares de bocinas al interior del jardín, para que quienes lo visiten por las mañanas puedan escuchar obras de Bach, Mozart, Strauss y otros compositores, mayormente extranjeros, buena idea; sin embargo no sería más conveniente que quien transita por el jardín, escuchara la obra de Manuel M. Ponce, o de Silvestre Revueltas, Moncayo, o por qué no, la música tradicional de nuestro país y de nuestro estado; no caería mal que por dicho medio se difunda la obra local y nacional.

     Incluso el kiosko del Jardín de San Marcos ha sufrido modificaciones, originalmente no existió, pues en su lugar se encontraba una pequeña fuente, aproximadamente a mediados del siglo XIX, la cual llevó el nombre del pintor aquicalidense, Saturnino Herrán. Posteriormente se colocó el primer kiosko sobre la citada fuente, los kioskos que han ocupado el centro del jardín han ido recorriendo varias plazas del estado, pues los removidos han sido reubicados en el Jardín de Guadalupe, en la explanada de Expoplaza (el cual se retiró para construir el bongee que sólo se utiliza en las fiestas de abril), en el Morelos, y así han ido recorriendo los distintos espacios públicos hasta llegar al lugar en el que ahora se encuentran. Incluso el kiosko formó parte de la historia de la Revolución Mexicana, cuando en la Soberana Convención Revolucionaria, los asistentes paseaban por el jardín o cuando en 1915 se presentó la banda de música de la División del Norte, dirigida por el maestro zacatecano Don Pomposo Caballero.

Al fondo de una calle señorial – la de la Merced – recorta el famoso parque su masa verde (…) se han abierto, en las esquinas, unas entradas, rompiendo la vieja fábrica de piedra de su balaustrada. En una fuente – nueva también – se lee el nombre de Saturnino Herrán, preclaro hijo de Aguascalientes. Pero ¿esto es lo que hizo mito en mi recuerdo y yo me representaba como algo colosal, fantástico? Sí, esto es. Ésta es la balaustrada que otrora fuera barrera infranqueable a mi paso y vadeaba metiéndome entre sus columnas. Una balaustrada que me da al pecho. El laberíntico bosque se reduce a unos prados – tan desaliñados como toda la ciudad – entre los que corren unos hilitos de agua. Unos hilitos de agua que en mi recuerdo eran ríos. Ríos en los que eché muchos barcos de papel(MAGDALENO, 1963, 310)
   
     Siempre rescatado y nuevamente olvidado, el Jardín de San Marcos sigue siendo el punto central de la verbena abrileña, aunque en la actualidad sea solamente el recuerdo simbólico de su origen, pues en la temporada ferial ya es muy poco visitado. Jardín de San Marcos que aún con el paso del tiempo, mantiene firmes sus columnas, sus puertas, que en el ocaso muestran a un sol imponente, cubierto por el contraluz de la cantera rosada que le antecede, jardín de la frescura matinal y hogar de ardillas que brincan de rama en rama y que comen de la mano de los paseantes que a ellas se acercan; jardín que encierra la leyenda de Las Platas, aquellas jóvenes que escondían su tesoro bajo un granado, o la del Encapuchado del jardín; San Marcos, jardín de laureles, pinos, fresnos y un gran cúmulo de flores que ornan las cercanías de las bancas de hierro forjado, en las que más de alguna ocasión se pudo escuchar el silbato del tren que llegaba a La Estación.

     Labor nuestra la de rescatar el Jardín de San Marcos, darle vida nuevamente, recorrer sus pasillos y andadores, disfrutar del aroma de las flores al iniciar el día, de conservarlo de mantenerlo vivo, no sólo en su estructura, sino en su esencia, en su historia y en su aporte a la vida de nuestro terruño, devolvámosle la vida y las historias que en él hemos forjado, las experiencias infantiles, familiares y personales que en su interior se han realizado; seamos participes de la vida de la ciudad, de la vida de nuestra sociedad, de la vida del Jardín de San Marcos.

Jardín de San Marcos, guirnalda de flores, luz y turbulencia de gozos y amores. Bajo los perfectos ojos de tus arcos pasa la vehemencia viril y galana de esta apasionada tierra provinciana(GAMES, 1963, 259)

En uno de esos domingos por la mañana, hice una pausa en mi lectura y me pregunté… Quién construyó el Jardín de San Marcos…





FUENTES


CAMACHO Sandoval, Salvador. La vuelta a la ciudad de Aguascalientes en 80 textos. Consejo de la crónica del estado de Aguascalientes, Instituto Cultural de Aguascalientes, Universidad Autónoma de Aguascalientes. México, 2005.

CAMPOS, Marco Antonio. Saturnino Herrán en Aguascalientes y la Ciudad de México. Editorial Filo de Agua. México, 2002.

ENGEL, José Luis. Diccionario General de Aguascalientes. Gobierno del Estado de Aguascalientes. Instituto Cultural de Aguascalientes, México. 1997.

________________. Efemérides de Aguascalientes Históricas y Culturales. Editorial Filo de Agua. México, 2000.

GAMES Orozco, Edmundo. San Marcos. En ACEVEDO Escobedo, Antonio. Letras sobre Aguascalientes. Instituto Cultural de Aguascalientes, México. 1963.

MAGDALENO, Mauricio. San Marcos. En ACEVEDO Escobedo, Antonio. Letras sobre Aguascalientes. Instituto Cultural de Aguascalientes, México. 1963.

PARTEAGUAS. Revista del Instituto Cultural de Aguascalientes. Otoño 2006, Año 2, No. 6.

PORTAL OFICIAL DEL GOBIERNO MUNICIPAL DE AGUASCALIENTES. www.ags.gob.mx

REYES, Ruiz, J. Jesús. Romance de los cuatro barrios. En ARELLANO Olivas, Ma. Del Carmen. SANDOVAL Cornejo, Martha Lilia. Los frutos ascendentes. Juegos Florales de la Feria Nacional de San Marcos 1931-1967. Gobierno del Estado de Aguascalientes, Instituto Cultural de Aguascalientes. México, 2002.

REYES Sahagún, Carlos. El Tema es Aguascalientes, 10 años de textos del Ferial. Instituto Cultural de Aguascalientes. México, 2004.

RODRIGUEZ Herrera, Mariano. Las Huellas del Che Guevara. Editorial De Bolsillo. México, 2004.

TOPETE Del Valle, Alejandro. Feria de San Marcos – Estampas y Recuerdos. Gobierno del Estado de Aguascalientes. México 1982.

miércoles, 24 de marzo de 2010

“SU GENTE BUENA LO RECUERDA DON ALEJANDRO”




Sed de infinito, ansia de eternidad
EPITAFIO DE DON ALEJANDRO
TOPETE DEL VALLE


     No tuve el agrado de conocer personalmente a Don Alejandro Topete del Valle, pero si hubiera tenido la oportunidad, pasaría horas y días enteros escuchando su plática, leyéndolo o qué se yo. Gracias a personajes como él, es que Aguascalientes cuenta con el sobrenombre de “LA TIERRA DE LA GENTE BUENA” y no sólo por haber sido el creador del lema de los escudos estatal y municipal, sino por el aporte a la cultura, a la historia y a la vida de su terruño. La obra de Don Alejandro Topete del Valle resulta amplia y difícil de detallar en líneas tan cortas; sin embargo, desde la más insignificante muestra de interés sobre su labor, hasta los homenajes por el centenario de su nacimiento, nos recuerdan la importancia de dicho personaje en la historia de nuestro estado.

     Don Alejandro nació un 17 de julio de 1908 en la Ciudad de Aguascalientes, misma que lo vería morir el 25 de marzo de 1999, hace ya 11 años. Profesor y Sargento Segundo del Colegio Militar, docente de la Escuela Normal y Bachillerato del Estado, del Instituto de Ciencias y Tecnologías, poeta, historiador autodidacta y por antonomasia, cronista vitalicio de Aguascalientes.

Es difícil pensarlo, pero durante 50 años, entre 1930 y 1980, solo, sin apoyos de ningún género, mantuvo vivo el interés por la historia de su ciudad y su estado. Él no supo lo que era hacer historia y publicar libros en la época de las universidades… Enfrentando muchas el ninguneo y el desprecio oficiales, convencido del sentido profundo de sus afanes, don Alejandro supo mantener viva, a lo largo de cinco décadas, la flama del interés por nuestra historia, que es tanto como decir, por nuestros abuelos” (GOMEZ, 2005, 164)
     Quien estas líneas escribe, tuvo el primer acercamiento literario a Don Alejandro hace unos años, en Letras sobre Aguascalientes, el libro coordinado por Antonio Acevedo Escobedo y en el cual Topete del Valle colaboró con algunos textos, sin embargo, en más de una ocasión había escuchado nombrarlo, mas como antes se menciona, no tuve el gusto de conocerlo. De entre su quehacer, es posible y necesario mencionar la recopilación de documentos históricos del estado que, quienes ocupaban en su momento cargos públicos pensaron en desechar, mas por el afán de mantener viva la historia del estado, Don Alejandro recopiló dicha información.

     En torno a su producción literaria, (personalmente) su más grande aportación a la cultura de Aguascalientes fue la creación de los lemas que se pueden observar en los escudos, tanto del estado como del municipio capital; cuando, siendo Gobernador del Estado, el Ing. Jesús Ma. Rodríguez (1944 – 1950) se convocó al diseño del escudo y del lema, siendo ganadores el Lic. Bernabé Ballesteros y Don Alejandro Topete del Valle.

Adoptado oficialmente por Decreto Número 157 de la H. Legislatura del Estado, fechado el 24 de mayo de 1946 promulgado el 3 de junio siguiente por el Gobernador del Estado y publicado en el No. 23 del Periódico Oficial del Estado correspondiente al 9 de junio del mismo año.- Fue autor del escudo el señor Lic. Bernabé Ballesteros y de la inscripción del mote, empresa o divisa, el Señor Alejandro Topete del Valle” (TOPETE, 1973, 1)

     BONA TERRA, BONA GENS, AQUA CLARA, CLARUM COELUM (Tierra Buena, Buena Gente, Agua Clara, Claro Cielo) es la inscripción con la que Don Alejandro será mayormente recordado (o por lo menos se espera), así como por el lema del escudo heráldico del municipio, en el cual se observa la siguiente leyenda: VIRTUS IN AQUIS FIDELITAS IN PECTORIBUS (Virtudes o Propiedades Terapéuticas que se Atribuyen a las Aguas y la Fidelidad Proverbial de los Corazones Aguascalentenses) que poco se ha difundido como creación de Don Alejandro; sin embargo, ambos son de gran calidad y necesarios de hacer mención.

     Así mismo, sus escritos han sido hasta la fecha, insuperables; no existe todavía algún escrito que en calidad de contenidos, se asemeje un poco al libro de Don Alejandro: Aguascalientes - Guía para visitar la Ciudad y el Estado; que, incluso con la gran cantidad de cambios que en el estado se han desarrollado, es el mayor ejemplo literario para poder conocerlo en su historia, tradiciones y costumbres. Por otra parte, libros como Teatro Morelos, Hechos y sucedidos en Aguascalientes, el Boletín de la Sociedad de Historia, Geografía y Estadística de Aguascalientes y Feria de San Marcos - Estampas y Recuerdos, son algunos de sus escritos más memorables; obvio sin dejar de lado sus conocidas Efemérides de Aguascalientes, publicadas originalmente en diarios locales como El Sol del Centro y El Heraldo, en donde también se publicaron poemas de quienes fueran los ganadores de las primeras versiones de los Juegos Florales, antecedentes del hoy Premio Nacional de Poesía. Cabe mencionar que Don Alejandro fue uno de los impulsores y organizadores de los Juegos Florales, junto con Pedro de Alba, Eduardo Balvanera y Jesús Reyes Ruiz.

El certamen carecía de un órgano de divulgación establecido que garantizara la permanencia de los trabajos ganadores, y así, aunque algunos poemas fueron recopilados por Alejandro Topete del Valle (de 1931 a 1951) y otros se publicaron en diarios locales… Esta justa literaria, además, estimuló el ensayo histórico en el que destacaron Alejandro Topete del Valle y José T. Vela Salas(ARELLANO, SANDOVAL, 2002, 6)
     A Don Alejandro Topete del Valle, se le complicaba escribir sus textos, según lo menciona el Dr. Jesús Gómez Serrano, pues tal vez poseía tal cúmulo de información que le resultaba difícil resumir en unas cuantas páginas su conocimiento, y no es de dudar que a Don Alejandro le fuera complicado hacerlo, su aprendizaje autodidacta y su amor por su estado hacen de la historia un aspecto inolvidable; cuestión que es posible discernir al leer alguno de sus libros, los cuales, por cierto, en su mayoría fueron financiados por él mismo a falta de algún apoyo gubernamental; de donde fuera posible, Don Alejandro conseguía recursos para publicar sus escritos, tal es el caso de Aguascalientes – Guía para visitar la Ciudad y el Estado, que en más de una ocasión ha sido publicado desde su aparición en 1973; o el Boletín de la Sociedad de Historia, Geografía y Estadística de Aguascalientes, auspiciado también por el propio Topete del Valle.

Sus libros y artículos deben verse como lo que son: esfuerzos hechos por un historiador autodidacta, que no tenía plaza de profesor de tiempo completo en ninguna universidad ni era miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Sólo así, imaginándolo como luchador solitario, como una persona incomprendida pero poseída por el sentido de su misión, entenderemos el mérito de sus aportaciones(GOMEZ, 2005, 165)
     Cuánta falta hace, hoy más que nunca Don Alejandro Topete del Valle, a once años de su muerte muchos ya olvidaron quien fue, o peor, aun no saben de su existencia; dónde se encuentran sus libros, dónde las efemérides que publicó o sus boletines; cierto es que se le puede leer en el Archivo Histórico del Estado (el cual lleva su nombre, en honor a su creador) sin embargo, dónde las publicaciones de organismos e instituciones educativas y culturales, por qué no retomar sus textos y publicarlos nuevamente en los diarios en que lo hiciera el propio Topete. No basta con que aquel que fuera su hogar por muchos años lleve su nombre, pero no es visitado o por lo menos conocido por la mitad de los aquicalidenses, retomemos esa parte de nuestra historia, la historia objetivamente subjetiva de quien la cuenta desde su trinchera.

     Lamentablemente nada permanece por siempre, y Don Alejandro falleció en la ciudad que tanto amó, un 25 de marzo de 1999, con más de 90 años a cuestas pero una vitalidad y cariño por su estado, como pocos. Don Alejandro murió, su obra no morirá mientras existan personas que lo sigamos leyendo y viviendo junto a él todos los momentos que relató. Se ha hecho ya una costumbre, enaltecer el trabajo de una persona, una vez que ha muerto; y Don Alejandro no podía ser la excepción, en 2000, a un año de su muerte fue galardonado con la Medalla José María Bocanegra al mérito ciudadano, que otorga el H. Congreso del Estado, siendo Don Alejandro el primero en recibirla, en manos de su esposa.

     A muchos años de la muerte de Don J. Refugio Reyes, creador de bellos elementos arquitectónicos del estado, como el Templo de San Antonio e incluso el Archivo Histórico del Estado, le fue entregado Post Mortem el Titulo de Arquitecto por la Universidad Autónoma de Aguascalientes, en dicho momento el rector de nuestra Alma Mater mencionó que por fin se cumplía uno de los sueños de Don Refugio, cuestión que la hija del arquitecto reprochó al afirmar que su padre nunca buscó obtener un título profesional, sino el desarrollar su labor. Por qué no recordar y exaltar la obra de Don Alejandro Topete del Valle así como se hizo con Don Refugio Reyes, por qué no otorgar el Titulo de Historiador Profesional (que aunque no le hace falta) lo merece. Don Alejandro sin estudios, supo hacer mucho más que los que ahora contamos con dicha facilidad; hagamos lo que esté en nuestras manos.

Plaza de Aguascalientes, plaza mía, donde el <> yérguese como símbolo antiguo de omnímoda soberanía, reducido hoy a entrañable y típico motivo ornamental; tal se antoja como si fuera el fiel de una balanza que equilibrase las tendencias costumbristas entre el norte y el sur, o como antena que cosecha las palpitaciones de todos los rumbos, delo multiforme espíritu de México. A ti, plaza de mi provincia, he querido consagrar este homenaje de mi vieja ternura(TOPETE, 1963, 437)
     Su Tierra de Gente Buena, Tierra Buena, Agua Clara y Cielo Claro quedará en deuda eterna con su cronista, labor nuestra la de rescatar su obra y hacerla llegar a las generaciones próximas, Don Alejandro Topete del Valle lo habría hecho.



FUENTES


ARELLANO Olivas, Ma. Del Carmen. SANDOVAL Cornejo, Martha Lilia. Los frutos ascendentes. Juegos Florales de la Feria Nacional de San Marcos 1931-1967. Gobierno del Estado de Aguascalientes, Instituto Cultural de Aguascalientes. México, 2002.

ECOS DEL TERRUÑO. Órgano de Difusión del Archivo Histórico del Estado de Aguascalientes. No. 37. Agosto 2008

ENGEL, José Luis. Diccionario General de Aguascalientes. Gobierno del Estado de Aguascalientes. Instituto Cultural de Aguascalientes, México. 1997.

________________. Efemérides de Aguascalientes Históricas y Culturales. Editorial Filo de Agua. México, 2000.

GÓMEZ Serrano, Jesús. Don Alejandro Topete, nuestro primer cronista. En CAMACHO Sandoval, Salvador. La vuelta a la ciudad de Aguascalientes en 80 textos. Consejo de la crónica del estado de Aguascalientes, Instituto Cultural de Aguascalientes, Universidad Autónoma de Aguascalientes. México, 2005.

PORTAL OFICIAL DEL GOBIERNO DEL ESTADO DE AGUASCALIENTES. www.aguascalientes.gob.mx

PORTAL OFICIAL DEL GOBIERNO MUNICIPAL DE AGUASCALIENTES. www.ags.gob.mx

REYES Sahagún, Carlos. Centenario de Alejandro Topete del Valle. En http://crisolplural.com/2008/07/21/centenario-de-alejandro-topete-del-valle-2/ (En línea).

TOPETE Del Valle, Alejandro. Aguascalientes – Guía para visitar la Ciudad y el Estado. México. 1973.

_________________________. Feria de San Marcos – Estampas y Recuerdos. Gobierno del Estado de Aguascalientes. México 1982.

________________________. Plaza Mayor. En ACEVEDO Escobedo, Antonio. Letras sobre Aguascalientes. Instituto Cultural de Aguascalientes, México. 1963.



lunes, 15 de marzo de 2010

"EPITAFIOS CATEDRALICIOS"





Habría que tener una casa de reposo para los muertos,
ventilada, limpia, con música y con agua corriente.
Lo menos dos o tres, cada día, se levantarían a vivir.
JAIME SABINES

     Hace casi un mes falleció quien fuera el V Obispo de la Diócesis de Aguascalientes, Mons. Rafael Muñoz Núñez en las instalaciones del Seminario Diocesano de Santa María de Guadalupe; en donde, después de su renuncia a la gubernatura episcopal en 1998, pasara los últimos días de su vida. Don Rafael Muñoz Núñez fue sepultado conforme a su testamento espiritual en la capilla de Nuestra Señora de Lourdes, en la Catedral Basílica de Nuestra Señora de la Asunción de Aguascalientes; lugar donde se encuentran también los restos mortales del VI Obispo Diocesano, Monseñor Ramón Godínez Flores, fallecido en abril de 2007.

     435 años hace ya que se fundó, a petición de Juan de Montoro, Gerónimo de la Cueva, Alonso de Alarcón, entre muchos otros; la Villa de Aguascalientes (Nombre que aparece en el acta de fundación) Años después, hacia 1602, se tiene conocimiento de la creación de una iglesia parroquial que fue dedicada a la Virgen de la Asunción, primer antecedente de lo que hoy es la Catedral Basílica de Nuestra Señora de la Asunción de Aguascalientes; la construcción de la actual catedral, data de mediados de 1700; la primera iglesia contaba para entonces con un cementerio que rodeaba la construcción.

"Ante todo, es digno de traerse a la memoria la pía costumbre de edificar el cementerio (lugar de dormición) al lado de la Iglesia. Eso se ha visto en todo el universo mundo, eso también entre nosotros. (S. Juan de Dios, Guadalupe, S. Marcos, El Encino y la Parroquia). El cementerio parroquial estuvo desde sus orígenes rodeando al templo por el lado sur y por el frente(CORPUS, 1969, 63)
     Aquel cementerio estuvo ubicado, de acuerdo a lo mencionado líneas arriba, en lo que hoy es la Plaza de la Soberana Convención, antes Plaza de la Republica (ubicada entre la Puerta Sur de la Catedral y el Teatro Morelos) y en parte del atrio de la misma. Dicho panteón contaba con un muro de piedra que lo resguardaba y en las esquinas de los mismos, se encontraba un reloj de sol, así mismo, contaba con cinco entradas. Se tiene registro del último entierro en dicho lugar en 1818, cuando ya se encontraban en funcionamiento los de Guadalupe, San Marcos y El Encino. Por ello, es en 1837 cuando el Ayuntamiento externó una queja ante el Sr. Cura José Ignacio Pérez, solicitando en el mismo la clausura y remoción del cementerio.

De esta disposición surgió la actual balaustrada del atrio que rodea el frente de la parroquia, construida con un antepecho de mampostería de más de un metro de alto, sobre el que se levantan 34 pilastras de cantería que rematan en unas almenillas formadas por una maceta y una campanilla invertida. Las Rejas y puertas de fierro fueron colocadas en tiempo posterior(CORPUS, 1969, 66)
     Así se concluyó una parte de la historia de la Catedral de Aguascalientes, sin embargo, tiempo después fue utilizado, ya no un espacio externo, sino el propio interior de la catedral, para el sepelio de los purpurados que han ocupado la silla episcopal de la Diócesis. En la capilla de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro (sagrario de la catedral) ubicada en la parte sur del recinto catedralicio se encuentran los restos de dos obispos de la diócesis, Mons. Fr. José María de Jesús Portugal y Serratos, así como Mons. Ignacio Valdespino y Díaz, primer y segundo obispos de Aguascalientes.

Las lápida de granito que cubren las gavetas respectivas tienen estas inscripción:

Al lado del evangelio:

EXCMUS. AC. RVMUS. D.D.
IOSEPH. A. IESU. MARIA. PORTUGAL
PRIMUS. DE. AGUASCALIENTES
EPISCOPUS.
29. iulii. 1902.         27. Nov. 1912.

Al lado de la epístola:

EXCMUS. AC. RVMUS. D. D.
IGNATIUS. VALDESPINO. ET DIAZ.
SECUNDUS. EPISCOPUS. DE.
AGUASCALIENTES.
10. Maii. 1913.         12. Maii. 1928.
                                                        (CORPUS, 1969, 97)
     Así mismo, en el ábside de la Catedral, bajo un pequeño sagrario, se encuentran los restos del tercer y cuarto obispos de la diócesis, Mons. José de Jesús López y González, así como Mons. Salvador Quezada Limón; ambos contaban hasta hace un par de años con una protección que impedía el paso y que evitaba, fueran pisadas las lapidas en que, a la letra se lee lo siguiente:

15-X-1872            11-XI-1950
AQUI YACEN LOS RESTOS
DEL EXCMO. Y RVMO. SR. CONDE
Y ASISTENTE AL TRONO PONTIFICIO DR.
D. JOSE DE JESUS LOPEZ Y GONZALEZ
TERCER OBISPO DE AGUASCALIENTES.
SU DIOCESIS LO RECUERDA POR
SU BONDAD DE PADRE Y
SUS VIRTUDES DE SANTO.
R.I.P.
Así como el epitafio de Mons. Salvador Quezada Limón.

7- I - 1090               20 - XI - 1993
AQUÍ YACEN LOS RESTOS
DEL EXCMO. Y REVMO. SR. DR.
D. SALVADOR QUEZADA LIMON
CUARTO OBISPO DE
AGUASCALIENTES,
QUIEN PROCLAMO
INCANSABLEMENTE
EL EVANGELIO DE JESUCRISTO
Y FOMENTO EL AMOR
A LA MADRE DE DIOS.
R.I.P.
     En 1998, Mons. Rafael Muñoz Núñez renuncia a la Diócesis, ocupando su lugar Mons. Ramón Godínez Flores, quien fallece en abril de 2007; sus funerales se realizan en Plaza Patria, ante miles de personas, entre las que destacan, Mons. Juan Sandoval Iñiguez Arzobispo de Guadalajara, quien presidió las exequias, Mons. Emilio Berlié Belauzarán, el ex obispo de Tehuantepec, Arturo Lona Reyes (que fuera impulsor en nuestro país, de la Teología de la Liberación) así como empresarios y autoridades del gobierno estatal. Una vez concluida la ceremonia, el cuerpo fue trasladado hacia la capilla de Nuestra Señora de Lourdes (reconstruida por su orden, para que en ella fuera sepultado).

18 - 04 - 1936                  20 - 04 - 2007
“Pasó haciendo                   SUS FIELES LO
el bien”                        RECUERDAN
HECHOS X, 38.            POR CARITATIVO
RAMON
 GODINEZ FLORES   R.I.P.
VI OBISPO DE AGUASCALIENTES
     En febrero del presente año, fallece el V Obispo Diocesano, Mons. Rafael Muñoz Núñez, quien fue sepultado en la misma capilla que quien lo sucediera, y en cuyo sepulcro aun no se coloca el escrito que solicitó en su testamento espiritual.

     En el ámbito episcopal, estas son las lápidas y epitafios que resguarda la Catedral de Aguascalientes, sin embargo es preciso hacer mención del pequeño recinto que se encuentra en el costado norte de la misma por la parte exterior, una puerta de madera que, anteriormente servía como bodega, ha sido convertida en un pequeño cementerio con nichos, que poca gente sabe de su existencia y por ende, de las posibilidades de ser sepultado en dicho espacio. Por último es necesario mencionar la placa que se encuentra en la nave sur de la Catedral y en donde anteriormente se encontraba una gran cruz de madera colocada sobre una mesa; la placa a la que se alude, presenta la siguiente inscripción:

LOS RESTOS DEL FUNDADOR DE LA CIUDAD DE
AGUASCALIENTES
CAPITAN DON JUAN DE MONTORO RODRIGUEZ
REPOSAN DENTRO DEL RECINTO DE ESTA
CATEDRAL, CERCA DE ESTE SITIO.
1575      AGUASCALIENTES DE LA ASUNCIÓN      1975
     Juan de Montoro fue sepultado en el cementerio de la Iglesia de la Asunción, el 16 de marzo de 1643.



FUENTES

CORPUS Alonso, Pbro. Dr. Ricardo. La Catedral y su cabildo. Diócesis de Aguascalientes. México, 1969.

ENGEL, José Luis. Diccionario General de Aguascalientes. Gobierno del Estado de Aguascalientes. Instituto Cultural de Aguascalientes, México. 1997.

________________. Efemérides de Aguascalientes Históricas y Culturales. Editorial Filo de Agua. México, 2000.

ROJAS, Beatríz. GÓMEZ Serrano, Jesús. REYES Rodríguez, Andrés. CAMACHO, Salvador. REYES Sahagún, Carlos. Breve historia de Aguascalientes. El Colegio de México. Fondo de Cultura Económica. México, 1994.

SABINES, Jaime. Jaime Sabines en Bellas Artes. Colección Entre Voces. [CD Rom] Fondo de Cultura Económica. Instituto Nacional de Bellas Artes. México, 1996.

domingo, 7 de marzo de 2010

"DESHILADORAS – ENTRE EL CIELO Y LOS SUEÑOS DE ALGODÓN"



¿A dónde van tus Jesus y Corona?
¿A dónde el Hazme si puedes?
A recorrer el mundo se van
adornando a las mujeres.
CARLOS REYES SAHAGÚN


     Un día Roberto Cabral mencionó, en su “Elogio a la mujer de Aguascalientes”, que las aquicalidenses son mujeres de ojos negros y almas blancas, almas de lino, de algodón  y de organza. Aguascalientes se caracterizó por muchos años en torno a la producción del deshilado, el deshilado es una técnica que se realiza sacando de una tela varios hilos y formando huecos, conocidos también como calados, los cuales se labrarán nuevamente con una aguja para realizar formas geométricas o figuras específicas.

     Gran tradición aquella de observar a las deshiladoras realizando su labor en las calles, en las plazas, el cualquier lugar; el deshilado se convirtió en uno de los elementos representativos del estado de Aguascalientes, aunque, si bien es cierto, no surge del mismo, ya que se menciona fue traído desde Europa en tiempos de la intervención francesa.

De ilustres orígenes, el deshilado viene caminando, en el tiempo, desde Francia y los Países Bajos; algunos sostienen que llegó a España desde Flandes cuando estos territorios eran parte de la herencia de los reyes austrias. Otros tal vez con mejores razones, lo hacen penetrar a la península desde Sicilia, ya bien influido por las complicaciones de tramas y urdimbres venecianas. Lo que parece lógico y está fuera de duda, es que de Sevilla pasó a Canarias y de las islas Afortunadas a nuestras costas del Golfo(PEREZ: 1999; 404)
     Aunque no conozcamos a ciencia cierta el origen del deshilado, lo importante es el arraigo que ha tenido en nuestro terruño, la trascendencia del mismo en la vida cotidiana del estado y su forma de comercialización, característica del Aguascalientes y del México pasado. Hablar sobre el deshilado, es hablar sobre Aguascalientes, sin embargo, no es hablar de las manos que lo trabajan.

     La deshiladora, mujer sencilla y humilde; de profesión suicida. El deshilado es una actividad que, al paso del tiempo desgasta en sobremanera la vista y las manos de quienes lo trabajan (si algún día tiene la fortuna de conocer a una deshiladora o a una bordadora, comprenderá lo escrito anteriormente), al observar los ojos de quien deshila es posible observar cómo las venas que rodean la pupila son marcados caminos de sangre, venas que, al deshilar en un atardecer, se forzaron con el único objetivo de terminar una sábana, un mantel o una pequeña servilleta; mientras las manos, modificadas por el acomodo (incómodo) que permitía sacar hilo tras hilo de las telas que eran creadas, al grado que no les es posible abrir la palma de la mano a un rango mayor al de un par de agujas.

Como es tradicional entre casi todos los pueblos, en el México antiguo el arte de tejer se encontraba casi exclusivamente en manos femeninas. Así pues, todas las niñas desde su más corta edad comenzaban a ejercitarse en este arte, y su habilidad era tan apreciable como la de saber moler el maíz y hacer tortillas(CAMPOS: 1992; 14)
     El deshilado, a diferencia de lo que en la actualidad se piensa, no se realizó mayormente en el municipio de Aguascalientes, sino en los municipios de Calvillo y Rincón de Romos, extendiéndose hasta Ojocaliente, Zacatecas o Lagos de Moreno en Jalisco, pues en la capital del estado se practicó principalmente el bordado; de ahí que uno de los bailes tradicionales de Aguascalientes sea la Danza de Bordadoras, musicalizada por el Maestro Ladislao Juárez y cuya coreografía original pertenece al Maestro Ramón Benavides. Sin embargo, poca difusión ha tenido el Baile de Deshiladoras, con texto de Carlos Reyes Sahagún y musicalizado por el Maestro Fernando Edrehira Macías.

En un rincón de la sala,
en el patio de la casa,
las mujeres bordan sueños
en las telas deshiladas.

¿Qué es el tergal sin tus manos,
el lino y el algodón?
Piezas de tela bonita
esperando la labor.

Con puntadas aprendidas
desde la tierna niñez,
va la mujer deshilando
hasta llegar a la vejez
(REYES: 2004; 56)
     Así el deshilado fue pasando de generación en generación, sin escuelas ni libros en que fuera estudiado, sólo con la imaginación de quien tomaba el lino, algodón, tergal, opal o bramante para disfrazar de blanco sus sueños en las telas, pues, como asegura el Doctor Pérez Romo, el deshilado brota de unas manos “Ungidas de gracia”. Algunas de las creaciones que en el deshilado se logran son: Grecas, Malla, Filigrana, Jesús y Corona, Punto Perdido, Ojito de pollo, Encontrones, Flor de Guayabo, el Hazme si puedes (Nombrado así por su grado de dificultad), entre muchos otros, que resultan difíciles de nombrar y explicar en el pequeño espacio que nos ocupa, todos ellos plasmados en telas que formaban camisas, blusas, manteles, sábanas, servilletas, entre otros.

     A la Estación del Ferrocarril se veían llegar, procedentes de Calvillo, a las deshiladoras que ofrecían sus productos a los viajantes, siendo realmente ellos quienes hicieron famoso el arte de la mujer hidrocálida, no tanto como un elemento mercadológico, sino como un aspecto de la cotidianeidad, de aquello que se usaba día con día, pues como lo menciona el Doctor Pérez Romo, el deshilado pertenece al tiempo en que lo útil no estaba reñido con lo bello, a diferencia de los tiempos recientes en que el uso del mismo, se restringe a elementos meramente de ornato o como aspectos de la tradición de antaño.

     Hasta hace unos cuantos años, en Aguascalientes se realizaba el Certamen de Traje Típico durante la Feria Nacional de San Marcos, enfocado a la técnica que nos ocupa, hoy se convirtió en el Concurso DeshilArte, que forma parte del Congreso Internacional de Modas UNIMODAA, organizado por la Universidad Autónoma de Aguascalientes y el Patronato de la FNSM, el certamen anterior promovía la creación de prendas con las formas tradicionales del deshilado, el actual también lo hace, aunque utiliza mecanismos y diseños no tan tradicionales, pero a final de cuentas, rescatando el sentido original del deshilado.

     En uno de los concursos de traje típico se definió el diseño del Traje Representativo Oficial de Aguascalientes, el cual pertenece al Diseñador Textil Jorge Campos Espino, su diseño se basa en las damas hacendadas y campesinas oriundas del estado, con motivos propios del mismo, como el Jardín de San Marcos, la pelea de gallos, la vid y por supuesto, el trabajo está hecho a base de deshilado; sus diseños han sido utilizados en diversas partes del mundo para representar a nuestro estado y al país. Gran labor la del rescate de los elementos culturales que ha realizado el Maestro Campos.

El deshilado le dio nombre a Aguascalientes, sin embargo ya no es la actividad preponderantemente productiva, ni tiene posibilidades de serlo, porque las maquinas han superado en mucho a la actividad manual, al deshilado hay que considerarlo como creación artística, como algo que distinga a las mujeres del municipio y del estado, es por tanto el deshilado digno de rescate, para conservar algo que es muy nuestro, el arte de crear un lienzo, con hebras, aguja, e invención humana una obra que representa la inventiva y la recreación de muchas generaciones de mujeres , que con su labor callada, han sabido plasmar en telas, verdaderas obras de arte(MARTINEZ: 1997; 17)
     Interesante sería también el rescate del Patrimonio Cultural que representa el deshilado en nuestro estado, no sólo como recurso turístico – mercadológico, sino para su difusión pública y el (re)conocimiento a nivel local, regional, nacional y mundial de las creaciones hidrotermapolitanas. Acaso no será posible encontrar algún día en el Museo de Aguascalientes, junto a varios de los grandes artistas aquicalidenses como Saturnino Herrán, Jesús Fructuoso Contreras, Gabriel Fernández Ledesma o Francisco Díaz de León, las obras deshiladas de la mujer aguascalentense, verdaderas obras de arte y necesarias de reconocimiento público, por qué no presentar en dicho espacio o en algún otro museo la calidad de los trabajos realizados en nuestro estado. Espero que algún día podamos comentar sobre la exposición de artistas del deshilado en el Museo de Aguascalientes, o (cómo dijera el Che: Seamos realistas, hagamos lo imposible) ser partícipes de la inauguración del MUSEO DEL DESHILADO.



FUENTES


CABRAL Del Hoyo, Roberto. Elogio a la mujer de Aguascalientes. En ACEVEDO Escobedo, Antonio. Letras sobre Aguascalientes. Instituto Cultural de Aguascalientes, México. 1963.

CAMPOS Espino, Jorge. Certamen Señorita Aguascalientes. El traje, el bordado y deshilado visto desde 1900 a 1992 en Aguascalientes. Tesis para obtener el grado de Técnico en Diseño Textil y de la Confección. Universidad Autónoma de Aguascalientes. México, 1992.

ENGEL, José Luis. Gobierno del Estado de Aguascalientes. Instituto Cultural de Aguascalientes, México. 1997.

INSTITUTO NACIONAL PARA LA EDUCACIÓN DE LOS ADULTOS. El Deshilado en Aguascalientes. Encrucijada de sueños. Gobierno del Estado de Aguascalientes. Instituto Nacional para la Educación de los Adultos. Secretaría de Educación Pública. México, 1992.

MARTINEZ Silva, María Dolores. Colección Primavera-Verano ’97 con deshilado artesanal. Dama 18 a 30 años. Tesis para obtener el grado licenciatura en diseño textil y de la confección. Universidad Autónoma de Aguascalientes. México, 1997.

PEREZ Romo, Alfonso. Testimonio de unos días. Universidad Autónoma de Aguascalientes. México, 1999.

PORTAL DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA. www.rae.es 

PORTAL OFICIAL DEL GOBIERNO DEL ESTADO DE AGUASCALIENTES. www.aguascalientes.gob.mx 

REYES Sahagún, Carlos. El Tema es Aguascalientes, 10 años de textos del Ferial. Instituto Cultural de Aguascalientes. México, 2004.



martes, 23 de febrero de 2010

"LLEGÓ EL FERROCARRIL Y FUIMOS A RECIBIRLO"



El silbato de un tren al atardecer
le sacude (al niño) por dentro, al igual
que a los adultos, las sensaciones de la lejanía.
ANTONIO ACEVEDO ESCOBEDO


     La vida en Aguascalientes no puede ser entendida sin aquel sonido que arrasó por muchos años el cielo y el sueño de los habitantes de esta tierra, hoy sólo es un murmullo casi imperceptible al oído urbano; perdón, quise decir humano. El silbato del ferrocarril se convirtió en lo que actualmente es el tercer tono bip que anuncia la hora exacta en las ondas radiales, su eco podía ser escuchado en gran parte, sino es que en toda la ciudad; a tal grado que, si anteriormente era necesario el canto del gallo para despertar a las familias, en su momento el silbato ferrocarrilero cumplió dicha función en nuestro estado.

Perdóneme el sacrilegio, indulgente lector, pero más que Guadalupe Posada, la Feria de San Marcos; Saturnino Herrán, Refugio Reyes, el cultivo de la uva, la industria automotriz, la del vestido, etc., el ferrocarril es el gran tema del Aguascalientes del siglo pasado, y quizá de toda su historia, por lo menos hasta ahora” (REYES: 2009)
     Tal vez una de las ocasiones en que el silbato del ferrocarril resonó con mayor fuerza, pudo haber sido hace 126 años, en la llegada a Aguascalientes del primer ferrocarril de pasajeros proveniente de la Ciudad de México efectuada un 24 de febrero de 1884.

     Es en 1881 cuando comienza a gestionarse la posibilidad de contar con vías férreas en nuestro estado y un año más tarde se realiza la compra de un terreno que serviría para lo que hoy sigue siendo la Estación del Ferrocarril Central Mexicano.

El 4 de noviembre de 1882, ante el Escribano Pub. Lic. Don Salvador E. Correa, Doña Concepción Gámez de Serrano, con autorización de su esposo Don Pascual Serrano, vendió a la Compañía del Ferrocarril Central Mexicano representada por el Ingeniero Civil Roswell F. Briggs, encargado de los trabajos de construcción de la División de León a Durango del mismo ferrocarril, un terreno ubicado en el lado norte del camino que conduce a los Baños Grandes del Ojocaliente y a unos trescientos metros de distancia de los baños primeros llamados de “Los Arquitos” para la construcción de la Estación Ferrocarrilera. La extensión de dicho terreno era de 300 metros de latitud por 600 metros de longitud” (TOPETE: 1968; 119)
     A un par de años de dicho contrato, llega a la Ciudad de Aguascalientes el primer tren de pasajeros que saliera de la capital del país; gran expectación traería en la población provinciana de aquel Aguascalientes añorado el sonido del silbato y el crujir de los durmientes del ferrocarril, quizá más de alguno pudo vaticinar el fin de la tranquilidad de aquel poblado, o tal vez la prosperidad que traería para los comerciantes de la época, la incursión de aquellos gigantes de metal que humeaban en grandes cantidades. Por su parte, las autoridades quisieron festejar dicho acontecimiento con una acción que (quizá sin pensarlo) se convertiría a la postre, en una de las grandes tradiciones de nuestra gente, ir a recibir y a despedir a los trenes. Así fue como el Ayuntamiento de Aguascalientes, decidió realizar el siguiente programa el 24 de febrero ya citado:

"1.- Se iluminarán los trayectos que recorren los ferrocarriles urbanos, de la estación a la Plaza de la Constitución.
2.- Las músicas militares de la federación y el estado se situarán en la estación y la plaza expresada.
3.- A las doce de la noche se prenderán los fuegos artificiales. Se invita a los vecinos en general para que se sirvan iluminar el frente de sus casas” (FERRONALES: 1966; 91)
     A quien esto escribe, le hubiera complacido ser partícipe de dicha celebración, sin embargo sólo tuvo la oportunidad de, como líneas arriba se menciona, ser parte de esa costumbre; llegar un domingo por la tarde a observar el andar de los trenes y pasear posteriormente en el Jardín de la Estación, no el jardín que hoy conocemos cercado y con bellas fuentes danzarinas, sino aquel que fuera construido en 1935 y que, posiblemente no haya sufrido remodelación alguna; por cierto, las bancas y floreros que aún se conservan en dicho jardín eran financiados por empresarios o familias que, en muchos de los casos hoy ya no existen, tal es el caso de la banca con la figura de El Titán, que era el logotipo de la harinera que conserva sus instalaciones (casi derruidas) a un par de calles de la estación.

     La estación del ferrocarril se construyó tal y como la conocemos actualmente (sin las remodelaciones pertinentes e impertinentes) en 1910 y fue inaugurada un año después; obra del ingeniero italiano G.M. Bosso, el cual realizó la edificación con un estilo colonial californiano pero apoyado en grandes elementos de la influencia hispánica, a dos niveles y tejado a cuatro aguas; una edificación que ha visto pasar innumerable cantidad de personas, como cuando en 1914, se vio rodeada de militares revolucionarios que arribaron de diversas partes de la republica con un solo objetivo, acudir a la Soberana Convención Revolucionaria que se celebraría en el Teatro Morelos de nuestra ciudad. Quizás ha sido uno de los momentos mayormente recordados en la historia del ferrocarril en nuestro estado, pues causó gran júbilo y temor la llegada de cientos de elementos castrenses a una ciudad tan pequeña y tranquila como lo era el Aguascalientes del siglo pasado, precisamente a 30 años de la llegada del primer ferrocarril de pasajeros.

Barullo en el andén. Tránsito y vendedores. Cabezas de viajeros y viajeras que atisban por las ventanillas. En los peldaños del pullman, señores de gorra inglesa que buscan el sabor local en el mínimo panorama desde el estribo” (FERNANDEZ: 1963; 253)
     Curioso resultaba el trajín de aquella estación ferroviaria al llegar el domingo, familias enteras paseando por el jardín, acercándose a las vías para sentir el retumbar del suelo al paso de los vagones, saludando a quienes llegaban o partían de la estación, tal vez no cuente con muchos recuerdos de aquellos tiempos, era pequeño; sin embargo, existen elementos característicos que evoco, como lo fuera el viajar en alguno de los últimos vagones que recorrieron el país, en los cuales era posible observar a vendedores con todo tipo de artefactos e incluso con comida que “Pal’ camino” decían ellos, o la fila interminable para comprar los boletos del tren, la sala de espera con sus bancas de madera pintada a la cual sólo accedían los pasajeros de primera, incluso es posible recordar la fuente del jardín que siempre contaba con agua, estancada, pero agua a final de cuentas y por qué no, las grandiosas gorditas de horno o condoches que se vendían alrededor de la estación; sin embargo, siempre preferí los tamales y gorditas de chicharrón con arroz que vendía una señora en sus cubetas de metal.

     Hoy la tradición de ir a recibir y a despedir a los trenes está olvidada, ya no es lo mismo visitar la estación del ferrocarril y encontrarse al minuto 15 de cada hora, una melodía que hace juego con las aguas danzarinas de aquella fuente, agua que ahora, no está estancada; la estación que no cuenta ya con filas para comprar boletos para el siguiente abordaje, ni estancias llenas con pasajeros de primera clase, hoy la estación se encuentra sí muy bella y remodelada pero abandonada por aquellos que la hicieron grande, los ferrocarrileros y los aguascalentenses. Por qué no ir a la estación del ferrocarril este 24 de febrero, a recordar la llegada de aquel primer tren de pasajeros, por qué no detenernos a escuchar el silbato del tren y por qué no, recordar aquel Aguascalientes del que muchos de nosotros fuimos parte, para así, dar forma y sentido a nuestra historia, a nuestro pasado y lo que viene.

¡Cómo cantan los silbatos! ¡Ay, cómo vibra el acero! Cuando las calderas gimen de la lumbre en el tormento, cuando las frentes destilan en vez de sudor, luceros, o cuando las chimeneas dejan escapar su aliento en bocanadas de noche que empañan el limpio cielo, entonces, en la Estación, se pone el aire moreno y el agua en Ojocaliente brota tibia del venero, como si desde las fraguas le diera calor el fuego” (REYES: 1963; 421)
     No he vuelto a probar una gordita de chicharrón y arroz como las que mi madre nos compraba con la señora del delantal a cuadros y cubetas de metal en las manos, aquella vendedora que siempre se colocaba en la esquina de El Gato Negro, una vieja tienda de abarrotes, hoy convertida en funeraria, tal y como las construcciones que frente a ella se encuentran y en las que un día estuvieron La Estación y los Talleres de Reparación del Ferrocarril Central Mexicano.



FUENTES


ACEVEDO Escobedo, Antonio. Los días de Aguascalientes. Porrúa, México. 1952. 4ª Ed. 1993.

ENGEL, José Luis. Diccionario General de Aguascalientes. Gobierno del Estado de Aguascalientes. Instituto Cultural de Aguascalientes, México. 1997.

________________. Efemérides de Aguascalientes Históricas y Culturales. Editorial Filo de Agua. México, 2000.

FERNANDEZ Ledesma, Enrique. Aguascalientes, la ciudad de las flores, de los frutos y de las aguas. En ACEVEDO Escobedo, Antonio. Letras sobre Aguascalientes. Instituto Cultural de Aguascalientes, México. 1963.

FERRONALES, Órgano del personal de los FFNN. de Mex. Núm. 3, Tomo XLVI, Marzo de 1966.

GUERRA Navarro, Enrique Luis. Ferrocarriles en Aguascalientes. En BOLETÍN del Archivo General Municipal. Núm. 22. Octubre – Diciembre 2009.

MEDRANO De Luna, Gabriel. La morena y sus chorriados. Los ferrocarriles de Aguascalientes. Universidad Autónoma de Aguascalientes. México. 2006.

REYES Ruíz, J. Jesús. Romance de los cuatro barrios. En ACEVEDO Escobedo, Antonio. Letras sobre Aguascalientes. Instituto Cultural de Aguascalientes, México. 1963.

REYES Sahagún, Carlos. Diario de la Convención. Gobierno del Estado de Aguascalientes, Instituto Cultural de Aguascalientes. México, 2004.

______________________. Aguascalientes sin los ferrocarriles dejaría de ser Aguascalientes. En http://crisolplural.com/2009/07/20/aguascalientes-sin-los-ferrocarriles-dejaria-de-ser-aguascalientes/ (En línea)

TOPETE Del Valle, Alejandro. Aguascalientes, guía para visitar la ciudad y el estado. México, 1968.