"HIDROTERMAPOLITANO" Podcast + Arte

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miércoles, 7 de julio de 2010

“UNA PLACA EN EL CODO”

 
Fraguas es una hoja en blanco,
La memoria no existe.
VÍCTOR SANDOVAL

     Sobre la Carretera 45, al sur de la Ciudad de Aguascalientes, se encuentran dos obras monumentales en honor de igual número de personajes hidrocálidos, una de ellas sea tal vez la representación mexicana de la muerte mayormente conocida; “La Catrina” de José Guadalupe Posada, ubicada en la entrada de Ciudad Industrial; siguiendo dicha vía hacia el sur, cerca de la planta Nissan se encuentra la escultura del artista mexicano Sebastián, que elaborada en 1998 tuvo el nombre de “La Saturnina”, en honor al pintor aquicalidense Saturnino Herrán.

“He contemplado La Saturnina varias veces en distintas horas del día. Se levanta airosa en el clima meridional del valle de Aguascalientes, frente a la construcción a medias de una moderna universidad; a unos cuantos kilómetros de la mayor ensambladora de autopartes de América Latina. A lo lejos, con la claridad del aire a nuestro favor se pueden distinguir las espigadas torres de la Catedral de la vieja Villa de la Asunción de Nuestra Señora de las Aguascalientes” (SANDOVAL, 2005, 383)
     Así como se expone permanentemente la Puerta Saturnina en el sur de la ciudad, en el norte y sobre la misma carretera se “puede observar” la obra de Saturnino Herrán “El Gallero” en una representación de varios metros de altura; cada que por ahí transitan quien esto escribe, detiene su andar para disfrutar de la obra del artista y en su caso del homenaje al mismo, será coincidencia acaso que, tanto en la entrada norte y en la sur se nos recuerde a quien dio a la pintura mexicana un realce como ningún otro lo había hecho; no lo sé, lo que sí, es que representa un honor el saber que a quienes visitan el estado los recibe la gente buena y las expresiones artísticas de sus más grandes hijos.

     La obra de Saturnino Herrán ha sido expuesta en infinidad de ocasiones e igual número de lugares, sin embargo y gracias a la iniciativa del poeta y promotor cultural Víctor Sandoval, que entonces se desempeñaba como director de la Casa de la Cultura, fueron traídos en 1975 los cuadros herranianos al que desde entonces se convirtió en su hogar, el Museo de Aguascalientes, donde lamentablemente y no, es posible observar sólo fragmentos de su obra, ya que algunos de sus cuadros se encuentran en el Museo Nacional de Arte, en la Ciudad de México, y otros varios que viajan alrededor del mundo; por cierto ahora se encuentran en Japón.

“El pueblo de Aguascalientes recuerda con especial veneración a un artista que no sólo fue capaz de proyectar el nombre de nuestro pequeño estado hacia los cuatro puntos cardinales del universo de la cultura, sino que deja para la posteridad la clave siempre actual para descifrar los enigmas de cada nueva encrucijada ” (PÉREZ, 1999, 181)

     Sobre la producción pictórica de Herrán se ha escrito y dicho bastante, por ello es conveniente (re)conocer las obras que en torno al pintor hidrotermapolitano se han realizado en señal de homenaje o para dar realce a su obra.


PRESEA “SATURNINO HERRÁN”: Instituida por la Universidad Autónoma de Aguascalientes en 2007, como reconocimiento público a personas o instituciones que hayan contribución al fortalecimiento de nuestra Alma Mater. Entre los galardonados con dicha presea se encuentran, el actual gobernador del estado, Luis Armando Reynoso Femat (2008), el Ing. Carlos Lozano de la Torre (2009), gobernador electo hace unos días; así como a la Familia Rivas Godoy (2010), en homenaje al Sr. Pedro Rivas Cuellar, pionero de la radiodifusión en el estado, entre otros.

“Tú vives en los ojos de nosotros. Como la copla de tu lienzo pide, hoy he elevado hasta mi labio el barro – el barro esplendoroso de tu obra – para apagar la sed de tu presencia , para besar la cruz de tu destino… para sentirte, entre nosotros, vivo” (GAMES, 1963, 269)
LA PUERTA SATURNINA: Creada en 1998 por Sebastián (también autor de El Caballito ubicado en la Av. Reforma de la Ciudad de México) La Saturnina fue colocada en la entrada sur de la Ciudad de Aguascalientes durante el sexenio de Otto Granados Roldán, originalmente se expuso una pequeña escultura de tan sólo 140 x 70, que se convertiría en poco tiempo en la monumental Saturnina que como afirma Víctor Sandoval (2005) es una pieza que señorea el paisaje infinito del Valle de Aguascalientes. La Puerta Saturnina es una escultura de 20 metros de altura, realizada en acero y pintada con esmalte acrílico de color rojo, cuenta con un sistema de iluminación que, pocas veces funciona correctamente.

“A propósito, “La Puerta Saturnina” de Sebastián, la única escultura oficial más acorde a nuestros tiempos, “ya pide a gritos” un poco de mantenimiento, y si de paso fuera posible, buscarle un lugar más adecuado de ubicación” (CASTAÑEDA, 2010, 7)
FERIAL DE AGUASCALIENTES: El Ferial es una de las tradiciones culturales que han surgido de la Feria Nacional de San Marcos, gracias nuevamente a Don Víctor Sandoval, y que año con año toma una temática a desarrollar. Así, en 1996 se decidió realizar el ferial con el título: “Saturnino Herrán: Pasión hecha imagen” el cual se realizó en base a la obra pictórica del artista aguascalentense, sobre todo a los cuadros: La leyenda de los volcanes, La Criolla del Mango, El Cristo de las Granadas, El Cofrade de San Miguel, El Gallero, El Jarabe, Alegoría del Trabajo, Nuestros Dioses, entre otros.

“¡Ay Saturnino! ¡Para qué te moriste tan joven! Si todavía tenías muchas cosas que darnos. ¡Mira que haber vivido nada más 31 años! Y aun así haber pintado tanto (…) Pero aquí estamos nosotros, recordándote, creando la ilusión de que finalmente podremos vencer a la calaca. ¡Aquí estamos Saturnino, haciendo el milagro de tenerte con nosotros, aunque te hayas ido!" (REYES, 2004, 17)
FUENTE “SATURNINO HERRÁN”: Conocida como la Fuente de los Azulejos, la fuente de Herrán se ubicó en el interior del Jardín de San Marcos, fue construida por iniciativa del entonces gobernador Rafael Arellano Valle, con diseño del señor Luis Fernández Ledesma, originalmente se realizarían cuatro fuentes, sin embargo sólo se logró terminar la de Herrán, al paso del tiempo se olvidó y se intentó reubicar en el Jardín de Cholula.

“La obra se inauguró el 31 de diciembre de 1923 frente al ángulo SE del jardín de San Marcos, habiéndose fabricado los azulejos en el taller de alfarería de Ruperto Silva (…) para la década de 1960 estaba abandonada y fuera de servicio, por tal motivo en 1969 varios vecinos del barrio de San Marcos solicitaron su restauración sin obtener grandes resultados” (ESPARZA, 2010, 13)
MUSEO DE AGUASCALIENTES: Aunque no necesariamente creado para la exposición de los cuadros herranianos, el museo de la ciudad, alberga un gran número de obras del artista aquicalidense, sobre todo en el segundo patio, donde las tres salas que lo componen, se dedican a Herrán; aunque es curioso, como se comentó líneas arriba, que al visitarlas se observen espacios faltos de pinturas y en su lugar se lea “Esta obra se encuentra en exposición en “X” museo” no obstante, el Museo de Aguascalientes es el hogar por antonomasia de la obra de Herrán.

“Pienso de nuevo en la grandeza, varias décadas oculta, de Saturnino Herrán. ¿Por qué nadie dudó de su maestría pero pocos se abocaron a mirarla en los cuadros directamente? Salgo de nuevo al patio simétrico (del Museo de Aguascalientes) y me inunda una ola gigantesca de luz azul y me digo, como quien dice para su coleto, que la obra de Saturnino Herrán está hecha de la madera de para siempre, de todavía y un día” (CAMPOS, 2002, 45)
CALLES: Anteriormente conocida como Ave María (por el templo expiatorio que se encuentra cerca), posteriormente Galeana, y Del Codo, la calle céntrica que ha tomado dicho mote por la forma en que está construida, tuvo el nombre de Saturnino Herrán a partir de 1968, sin embargo dicha nomenclatura ha sido olvidada y hoy retoma los nombres antes utilizados; Galeana Norte y Del Codo.

“El Ayuntamiento de Aguascalientes, que en ese año fatídico de 1968 encabezaba el Sr. Juan Morales Morales, determinó darle el nombre del artista a la calle (…) Por este motivo, desde ocho de octubre de ese año, la antigua calle del Codo, entre Victoria y Galeana, se llama Saturnino Herrán” (REYES, 2008)
     Lamentablemente la Calle Saturnino Herrán ha olvidado su nombre y hoy se conoce como la Calle Del Codo, buen café, buenos libros y buena música engalanan el paso hacia donde se levanta una casa marcada con el 121 (anteriormente el 224) en la cual se distingue una placa de color azul, de no más de 30 centímetros de largo y que a la letra dice:

EL EMINENTE PINTOR
SATURNINO EFREN DE JESUS HERRAN
NACIO EN ESTA CASA
EL 9 DE JULIO DE 1887.

     Saturnino Efrén de Jesús Herrán Guinchard, nació en Aguascalientes, hace 123 años en su calle, la Calle Del Codo, el 9 de Julio de 1887.



FUENTES



BOLETÍN del Archivo General Municipal. Fuentes Públicas de Aguascalientes. Núm. 23. Enero – Marzo 2010.

CAMPOS, Marco Antonio. Saturnino Herrán en Aguascalientes y la Ciudad de México. Editorial Filo de Agua. México, 2002.

CASTEÑEDA, Juan. Las esculturas del Jardín de San Marcos. En La Jornada Aguascalientes. Año 2. Número 475. Lunes 29 de marzo de 2010.

ENGEL, José Luis. Diccionario General de Aguascalientes. Gobierno del Estado de Aguascalientes. Instituto Cultural de Aguascalientes, México. 1997.

________________. Efemérides de Aguascalientes Históricas y Culturales. Editorial Filo de Agua. México, 2000.

GAMES Orozco, Edmundo. Elogio lírico a Saturnino Herrán. En ACEVEDO Escobedo, Antonio. Letras sobre Aguascalientes. Instituto Cultural de Aguascalientes, México, 1963.

PÉREZ Romo, Alfonso. Testimonio de unos días. Universidad Autónoma de Aguascalientes. Instituto Cultural de Aguascalientes. México, 1999.

PORTAL DE LA FUNDACIÓN UAA. Presea Saturnino Herrán. En http://fundacionuaa.uaa.mx/noticias/reconocimiento.html (En línea) Fecha de Consulta: 06 de julio de 2010.

REYES Sahagún, Carlos. El Tema es Aguascalientes, 10 años de textos del Ferial. Instituto Cultural de Aguascalientes. México, 2004.

____________________.Saturnino Herrán en el olvido. En http://crisolplural.com/2008/12/01/saturnino-herran-en-el-olvido/ (En línea) Fecha de Consulta: 06 de julio de 2010.

SANDOVAL, Víctor. Fraguas y otros poemas. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. México, 1992.

_________________. La Saturnina de Sebastián en Aguascalientes. En CAMACHO Sandoval, Salvador. La vuelta a la ciudad de Aguascalientes en 80 textos. Consejo de la crónica del estado de Aguascalientes, Instituto Cultural de Aguascalientes, Universidad Autónoma de Aguascalientes. México, 2005.

jueves, 17 de junio de 2010

"SIN ENCANTO QUEDÓ EL CINE"





     Aún recuerdo los domingos por la tarde jugando en las maquinitas del Cine Encanto; si ello fuera hoy, me vería jugando con el salero de Las antorchas. Siendo pequeño no recuerdo haber visitado algún cine que fueran los mencionados por mis padres, el REX, el ENCANTO, el PLAZA, entre otros; solamente llegué a ir al ENCANTO (a jugar en las maquinitas) y al entonces CINEMA DORADO 70.

     La generación de menos de un cuarto de siglo, hoy no recuerda la existencia de cines que contaran con menos de tres salas de proyección, y es que los jóvenes reconocen cuando mucho los restos de aquellas construcciones que siguen en pie y que un día fueran las grandes salas de proyección cinematográfica. La cinematografía en nuestro estado, hablando en términos de proyección y no de creación, cuenta con una historia amplia, puesto que desde inicios del siglo XX se comenzaron a proyectar las “Vistas”, que no eran más que escenas de la vida cotidiana captadas por un cinematógrafo; dichas proyecciones se realizaron en sus inicios en lugares públicos, hasta que se crearon lugares específicos para ello, como el Cine Vista-Alegre, ubicado en lo que hoy es la Av. Francisco I. Madero, contaba además con una pista de patinaje con piso de cemento y un pequeño graderío para espectadores.

“En el fondo del Callejón de Zavala ostentaba su fachada el edificio del Cine Vista-Alegre, cuyo propietario fue Don Federico Bouvi. Por su pantalla pasaban películas de movimiento y fijas, pero mudas (…) Las funciones del Cine Vista-Alegre eran diarias (…) El Cine Vista-Alegre y el salón de patinar quedaron demolidos al abrirse la Avenida Madero” (KEGEL, 1963, 292)
     Anteriormente los cines no sólo ofertaban filmes, sino que en dichos establecimientos permitían la presentación de artistas, espectáculos circenses e incluso uno de ellos fue sede y testigo de lo que actualmente es el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes, el Cine Olímpico, el cual se ubicó en el interior del primer Parián. El Teatro-Cine Olímpico fue inaugurado el 15 de agosto de 1929 y en él se presentaban funciones tanto de cine, box y teatro; sin embargo, la importancia del Cine Olímpico radica en que fue el primero en traer el cine sonoro a la ciudad de Aguascalientes, cuando se presentó la cinta Sonny Boy, en 1930. El Cine Olímpico dejó de funcionar en 1933 al crearse una cancha deportiva en su lugar y posteriormente el levantamiento del segundo Parián.

     De aquella época destacan los cines Vista-Alegre, Royal, Olimpico, el Regio Cine Palacio, e incluso tiempo antes, el Teatro Morelos, pues en el recinto convencionista llegaron a presentar varias cintas.

“El Teatro Morelos trascendió porque en él se celebró la Convención de 1914 en la que reunió a las tres fracciones de la Revolución Mexicana y porque forma parte de la historia cinematográfica de Aguascalientes. Ese edificio porfiriano abrió la posibilidad a las primeras personas ambulantes de llegar a la ciudad para las proyecciones de vistas, y la gente concurría para apreciar en la pantalla provisional las películas mudas. En ese tiempo no existía el cine sonoro. Debajo de la tarima se encontraba un pianista que amenizaba y ambientaba la proyección” (RODRIGUEZ, 2005, 372)
     Una vez olvidados dichos lugares, comenzaron a crearse nuevos espacios para la proyección cinematográfica, algunos de ellos sobrevivieron por bastante tiempo, o por lo menos su estructura física, pues a inicios de los 80’s muchos de ellos fueron cerrados debido a la incursión de nuevos establecimientos que ofrecían más de una sala de proyecciones, elementos primordial para que los anteriores se fueran a la ruina. Sin embargo en tiempos anteriores a la penúltima década del siglo XIX, los cines fueron el punto de reunión de la juventud, el lugar de esparcimiento y recreación familiar por excelencia.

"Aquellas amplias salas cinematográficas que hubo en Aguascalientes, todas desaparecidas hace unos años, salvo el Cine Alameda, que todavía funciona con el nombre de Sala París. En esa época existían cuatro cines: El Colonial, que estuvo en la esquina de Juan de Montoro y Díaz de León (…) el Cine Alameda, que tenía dos entradas, una para los que iban a luneta, por la calle de Madero (…) y la otra por Juan de Montoro, para los que pagaban boleto de Balcón, el Cine Rex, en la Calle de 5 de mayo (…) El Cine Encanto, por su parte, ubicado en la segunda cuadra de la calle Madero, en el mismo sitio donde estuvo el Cine Palacio años atrás” (MURO, 2005, 280)
     Con pretexto cinéfilo, la juventud de la década de los 60’s aprovechaba las tardes para divertirse fuera de la sala de proyección y por qué no, ir a degustar unos deliciosos esmeriles, como los de Don Nico; ir a pasear en La Estación o cerca de la Alameda, hasta llegar a los Baños de Ojocaliente; y es que buena parte de aquellos cines se encontraban en la hoy calle Juan de Montoro (anteriormente de Aurora, del Ojocaliente, Centenario y en la primera mitad del siglo XX se le adjudicó la nomenclatura actual), tal vez debido a que es una ruta que anda desde la alameda hasta el cerro del muerto, y por ello su factibilidad mercantil.

“Calle del Hotel Washington y del Hotel Regis; del bullicio de fuereños durante la Convención Revolucionaria de 1914. Calle de los cines Plaza y Colonial que convocaban cada tarde de domingo a una multitud acicalada que cumplía con la costumbre de esparcimiento y se formaba en largas filas, esperando pacientemente comprar los boletos de entrada para disfrutar de dos películas y, después, al terminar la función, salir e invadir la noche con el vocerío y pasos apresurados en un estallido de humanidad que se escurría por las calles aledañas dando paso al silencio nocturno habitual” (CASTRO, 2005, 80)

     Diversos fueron los cines en aquella época, pues entre los recuerdos maternos que se vienen a la mente al escribir esto, está aquel que afirmaba que el Cine Colonial, lugar donde hoy está la Plaza Fundadores y anteriormente el Hotel Washington (del cual se rescató parte del frontón cuando se demolía el viejo cine) era aquel cine en donde los sábados por la mañana se reunían las familias desde temprano a disfrutar de la matinée que llegaba a constar de hasta cuatro cintas; un día surgió la duda del por qué tal número de filmes, y la respuesta fue la esperada, el transmisor resultaba ser costoso, pues por cada proyección era necesario reponer ciertas piezas, por lo cual era conveniente aprovechar el tiempo y reducir costos.

     Así mismo era común observar hasta hace unos meses, el interior del que fuera el Cine Plaza, pues fue demolido y lo único que se conservó fue el techo y las bases de la escalera que conformaba lo comúnmente conocido como Gayola, hoy dichos vestigios han sido tapados por una mayor cantidad de concreto.

“El Cine Colonial y el Cine Plaza estaban por la calle Juan de Montoro, en Madero el Cine Encanto, el más elegante de Aguascalientes y, sin tapujos en lidiar con cucarachas y otras alimañas, el Cine Rex, por la Calle 5 de mayo. Ya para fines de los setenta, se ampliaron las opciones con la apertura de nuevas salas: Cine Avenida, a la salida a Calvillo; Cinema Dorado 70, por la López Mateos y el Auditorio por la F. Elizondo” (MUÑOZ, 2005, 276)
     Hoy en día sólo uno de tantos cines se mantiene vivo; el Cine Sala París, que sobrevive gracias a la proyección de cintas de contenido erótico; mientras que este ha sido el porvenir de aquellas grandes salas:

Cine Colonial – Anteriormente Hotel Washington, hoy Plaza Fundadores.

Cine Plaza – Hoy estacionamiento (en el que aún se vislumbran escaleras, pasillos y el techo originales)

Cine Encanto – Ubicado en la Av. Madero, esquina con Hospitalidad; convertido en Restaurante y Estacionamiento (que conservó el nombre de “Estacionamiento Encanto” así como los muros que lo albergó)

Cine Rex – Se encontraba sobre la Av. 5 de mayo. Demolido y hace uno años convertido en una sucursal de Coppel.

Cinema Aguascalientes – Se conserva íntegro exteriormente sobre la Av. López Mateos, sin embargo está abandonado.

Cinema Variedades – Ubicado en la Av. Héroe de Nacozari, fungió como cine erótico y hoy está cerrado. Pertenece a la CTM.

Cine Auditorio – Instalado en la Av. José F. Elizondo, en el perímetro ferial, se tuvo la creencia hace un par de años de que sería utilizado como foro cultural independiente, sin embargo está abandonado. Pertenece al SNTE.

Cine Avenida – Localizado sobre la Av. De la Convención; convertido en centro de culto cristiano, pizerría y bar (en un mismo espacio).

Cinemas Dorado 70 – Se encontraban en el Centro Comercial El Dorado y en la Av. López Mateos; se desempeñaron como tal hasta hace no más de diez años; ambos se encuentran en el abandono.

“Pero así como se proyectaban películas para toda la familia, también se exhibían películas para adultos. En lo que es todavía Los Globos, ubicado a un costado del templo de San Marcos, se proyectaban estas películas (…) Debido a que eran películas prohibidas se acondicionaba una pantalla, se colocaban sillas y bancos para que la gente se enterara de su exhibición, en forma discreta se invitaba a la gente que pasaba” (RODRIGUEZ, 2005, 375)
     Con la llegada de los 90’s Aguascalientes sufrió los estragos de la industrialización y la modernización, compañías cinematográficas se instalaron en varios puntos de la ciudad y fue así como poco a poco fueron siendo desplazados los viejos cines que sólo contaban con una sala de proyección, pues no podían competir contra aquellos establecimientos que ofertaban más de tres y hasta 14 salas con la mayor comodidad posible. Es en los albores del nuevo siglo cuando comienzan a escucharse los nombres de cines como Kristal, Cinemark, Cinepolis, MM Cinemas, principalmente, apabullando a los “pequeños” lugares de proyección ya para entonces obsoletos.

     Hoy los viejos cines no son sino, como afirmara Carlos Reyes (2006); cadáveres urbanos que andan por ahí, esperando la decisión piadosa que les dé cristiana sepultura. Por qué no reutilizarlos como lo sucedido en el Distrito Federal y en tantos lugares de la republica en que se apuesta por la cultura, por qué no facilitar su acceso para la creación de espacios culturales como lo es el caso de El Circo Volador, cine destruido y remodelado por jóvenes con el objetivo de mostrar la cultura underground de la Ciudad de la Esperanza; acaso en Aguascalientes no podemos hacer algo para recobrar dichos espacios, tal vez sea el tiempo de recobrar los espacios públicos que por antonomasia pertenecen a la sociedad aquicalidense.

“Y es que el cine fue y es fugaz, de ahí que surge en mi memoria un espectáculo de imágenes, sonido, color, en donde el espectador las hace suyas por un espacio de tiempo breve que se puede reducir a dos horas o tal vez a tres, pero las primeras vistas tenían una duración de unos cuantos minutos, pequeño espacio de tiempo que llenaba de alegría, de amor o tristeza al espectador (…) Y es el cine una de las creaciones del ser humano que permite mostrar parte de esos sueños, aunque sea por un tiempo fugaz” (RODRÍGUEZ, 2005, 372)
     Cierto es que aquellos cines de antaño no contaban con la calidad Dolby Digital, ni un sistema de proyección digital, ni siquiera con asientos cómodos y reclinables, mucho menos con salas VIP, pero eso sí, poseían el espíritu del viejo Aguascalientes, cuanto no habría dado por disfrutar en ellos algunos de los filmes que en nuestro estado se han rodado, El Último Atardecer (con artistas como Kirk Douglas, Rock Hudson y Dorothy Malone) cuyas grabaciones se realizaron en la comunidad de Venaderos, o La Pasión según Berenice, filmada en las inmediaciones de la Estación del Ferrocarril; quizá serían algunas de mis opciones para visitar dichos cines, pues en fechas recientes Diego Luna filmó en nuestro estado la cinta Abel que tenía como uno de sus objetivos mostrar el Aguascalientes de ahora, para quien esto escribe, no lo consiguió; por ello sigue en pie la hipótesis de que si alguien osara (osáramos dijo el otro) reabrir un espacio como aquellos nuevamente, entonces ahí nos vemos.


FUENTES


ARELLANO Olivas, Ma. Del Carmen. SANDOVAL Cornejo, Martha Lilia. Los frutos ascendentes. Juegos Florales de la Feria Nacional de San Marcos 1931-1967. Gobierno del Estado de Aguascalientes, Instituto Cultural de Aguascalientes. México, 2002.

BOLETÍN del Archivo General Municipal. El Parían. Núm. 22. Octubre – Diciembre 2009.

CASTRO Padilla, Carolina. La calle Juan de Montoro. En CAMACHO Sandoval, Salvador. La vuelta a la ciudad de Aguascalientes en 80 textos. Consejo de la crónica del estado de Aguascalientes, Instituto Cultural de Aguascalientes, Universidad Autónoma de Aguascalientes. México, 2005.

KEGEL, Luis Augusto. El Cine Vista-Alegre. En ACEVEDO Escobedo, Antonio. Letras sobre Aguascalientes. Instituto Cultural de Aguascalientes, México. 1963.

MASCARÓN. Órgano de Difusión del Archivo Histórico del Estado de Aguascalientes. Año 1, No. 8. Mayo de 1994.

MUÑOZ, Juan M. Prefiero quedarme en casa. En CAMACHO Sandoval, Salvador. La vuelta a la ciudad de Aguascalientes en 80 textos. Consejo de la crónica del estado de Aguascalientes, Instituto Cultural de Aguascalientes, Universidad Autónoma de Aguascalientes. México, 2005.

MURO Muñoz, Juan Manuel. Infausto regalo de reyes: la tragedia del Cine Colonial. En CAMACHO Sandoval, Salvador. La vuelta a la ciudad de Aguascalientes en 80 textos. Consejo de la crónica del estado de Aguascalientes, Instituto Cultural de Aguascalientes, Universidad Autónoma de Aguascalientes. México, 2005.

PARTEAGUAS. Revista del Instituto Cultural de Aguascalientes. Invierno 2010, Año 5, No. 19.

REYES Sahagún, Carlos. Lo que le debo a Aguascalientes. En PARTEAGUAS. Revista del Instituto Cultural de Aguascalientes. Otoño 2006, Año 2, No. 6.

RODRIGUEZ Reza, Soraida. Una mirada a los cines de Aguascalientes. En CAMACHO Sandoval, Salvador. La vuelta a la ciudad de Aguascalientes en 80 textos. Consejo de la crónica del estado de Aguascalientes, Instituto Cultural de Aguascalientes, Universidad Autónoma de Aguascalientes. México, 2005.



jueves, 27 de mayo de 2010

“BAJO EL SOL DE LA HACIENDA”


Amo la música,
esta música
creciendo en tu boca
como yedras azules
contra las bardas
del crepúsculo.
DESIDERIO MACÍAS SILVA


     Discutía con un amigo sobre la música que es considerada como “Bella” o “Buena”, él aseguraba que sólo la considerada como Música Clásica podía ser denominada con los títulos antes mencionados; refutando su postura, mencioné que aquellas melodías que expresaran el sentir de quien las escribe o las canta, así como de aquellos que las recuerdan, pueden suponerse como Música Buena. El tema hasta ahora no ha concluido.

     Tema inconcluso también, es el festejo de los inicios de la Independencia de México y de la Revolución Mexicana; 1810 y 1910, respectivamente; y es ahí donde surge el cuestionamiento infaltable, qué tan distintas son las realidades entre 1810, 1910 y 2010. En sus luchas, México ha emprendido los ejes de la independencia Económico – Política – Social, esperando sean resueltos grandes de los problemas que aquejan al pueblo; uno de ellos, fundamento de la Revolución Mexicana, el reparto agrario, cuestión surgida a partir de la desaparición de las Haciendas.

“La gran hacienda era el sistema dominante de ocupación y uso de la tierra. Después de más de dos siglos de lenta evolución, de integración de los mejores suelos a los procesos productivos y de definición de límites, las haciendas habían adquirido perfiles claros y distintivos. Ocupaban las mejores tierras, abastecían de granos y carnes las ciudades más cercanas, habían perfeccionado sus métodos de control de la fuerza de trabajo” (GÓMEZ, 1994, 81)
     Las haciendas, castillos feudales del Siglo XIX, se convirtieron en la forma de producción y de explotación laboral de Aguascalientes y de gran parte del país. Como era de esperarse al modo de estilo feudal, los dueños de las haciendas, también conocidos como “Amos” resultaban ser extranjeros que adquirían dichos terrenos para edificar la Casa Grande, lugar donde habitaba el amo y su familia, sus animales y acaso también, sus trabajadores.

“Sol redondo y colorado, como una rueda de cobre, desde ahí donde estás mirando y que diario me miras pobre. Me miras con el arado, luego con la rozadera, una vez en la llanura y otra vez en la ladera. Me miras atando un toro, me vez arriando un atajo, pero diario me vez pobre como todos los de abajo” Sol Redondo (fragmento) – D.P.
     Los trabajadores de las haciendas eran aquellos que, a falta de tierras propias, labraban los sembradíos de otros y recibían una mínima parte de lo obtenido por su cansancio. Si bien, el sistema de la hacienda permitía subsistir a quienes laboraban en ella, no era necesariamente la mejor forma de vida, pues los trabajadores dependían de diversos niveles que, en la mayoría de los casos, les eran inaccesibles. Del peón al capataz existía un abismo incalculable en materia de beneficios, pues el capataz tenía poder de mando sobre diversos trabajadores, mientras que el peón no podía decidir por su propia vida, sustento o familia, pues ello estaba en manos del amo.

“Los peones ganaban un salario diario de un real, aunque había algunos que ganaban uno y medio o hasta dos reales diarios. Ello equivale a un sueldo mensual que variaba entre cuatro y ocho pesos” (GÓMEZ, 2000, 96)
     En el Aguascalientes de mediados del Siglo XIX, se llegaron a contabilizar cerca de 37 haciendas, la mayor parte de ellas ubicadas cerca de la capital del estado y otras más en los municipios de Rincón de Romos, Asientos, Tepezalá y el Llano, por cierto, el edificio que hoy ocupa la Presidencia Municipal de dicho municipio, fue la casa grande de la hacienda; curiosa coincidencia ¿no?

     Sin embargo las haciendas decayeron en su estructura ideológica y física, hoy pocas son aquellas que se “conservan” y/o que, por lo menos siguen en pie; otras han sido restauradas y utilizadas para diversos fines, entre ellas:

Hacienda de Pabellón de Hidalgo (Originalmente De San Blas) - Museo de la Insurgencia.
Hacienda de Cañada Honda – Escuela Normal “Justo Sierra”
Hacienda de Palo Alto – Presidencia Municipal de El Llano
Hacienda de Garabato – Destinada para eventos sociales (fiestas, banquetes…)

     De los trabajos realizados en la hacienda surgieron en Aguascalientes canciones que hoy son conocidas (realmente poco) y que conforman parte del folklore del estado, las cuales reflejan el sentir del pueblo, las jornadas de trabajo en la hacienda, la forma de vida y su visión. Si bien es cierto, mucho se ha hablado de que Aguascalientes no cuenta con un folklore propio, debido a su pertenencia y cercanía a estados como Zacatecas y Jalisco, mas, como hace unos días comentara a quien esto escribe en una plática el maestro Fernando Edrehira Macías, “No es lo mismo hablar de la música tradicional “de” a la música tradicional “en” algún lugar”.

“En este caso, la atención gira en torno a la música tradicional, que comienza con la búsqueda de informantes privilegiados, es decir, aquellos personajes que si bien han sufrido el asalto del tiempo, su memoria permanece más o menos intacta” (REYES, 1998)
     De las haciendas de Aguascalientes han surgido canciones que hoy son interpretadas por grupos de músicos que, ciertamente no pertenecieron al tiempo ni al espacio en que se crearon, las mantienen vivas. Y es que en Aguascalientes, como en todo el país, preservar la música tradicional, es visto como una causa perdida; pues no resulta ser, como lo mencionaran los teóricos de la Escuela de Frankfurt, una mercancía de la industria cultural y aquellos que intentan conservarla tienen dos opciones, seguir en el anonimato mercantil o formar un comercial “Mariachi”.

“La música regional difundida por los medios masivos no es elaborada e interpretada por los músicos de extracción campesina con todo un contenido social y vivencial, sino la música y canciones producidas por encargo a compositores profesionales que se basan en los ritmos tradicionales pero bajo una perspectiva y mentalidad urbana” (VELASCO, 2004, 35)
En Aguascalientes, la música tradicional podría catalogarse de la siguiente forma.


Música Original o Autónoma

Música Contemporánea o Apropiada

Música Moderna o Enajenada


     Dicha clasificación se determina de acuerdo a lo planteado por Guillermo Bonfil Batalla (1995) con respecto a la (in)dependencia de la cultura que se plantee. Así, la Música Original o Autónoma, puede ser definida como aquella que resulta de procesos de investigaciones históricas y socio – culturales; sones, shotises (chotises) y polkas, pertenecen a dicha denominación. Por otro lado, la Música Contemporánea o Apropiada, resulta de la creación de obras que hoy representan al estado, pero que, no necesariamente han surgido con el afán de rescatar la tradición músico – vocal de Aguascalientes; tal sería el caso de las creaciones musicales del “Ferial”, espectáculo que se originó con la idea de mostrar parte del folklore del estado y del cual se han extraído piezas como la Danza de Bordadoras o la de Ferrocarrileros, que hoy son símbolo del estado. Por último, la Música Moderna o Enajenada, es creada en la actualidad con el sentido modernista del mariachi, con temáticas que elogian a la mujer aquicalidense, a la Feria de San Marcos y sus bebidas, entre otros tópicos, sin embargo, ello no significa que realmente plasmen lo que en Aguascalientes ocurre.

     De la Música Tradicional Autónoma, podemos rescatar gran parte de la historia del estado, de su forma de vida y del quehacer de su población; pues, buena parte del repertorio que la compone, surge en las haciendas, de los trabajadores, de los peones y posteriormente de la industria minera, que en los municipios de Asientos y Tepezalá tuvieran auge. Aquellas son las melodías que se interpretaban al compás de instrumentos como los violines, mandolinas, arpas, vihuelas, bandolones, contrabajos y guitarras, al estilo de una orquesta típica; canciones que se escuchaban al salir a trabajar, en la pisca o en la mina, muchas de ellas prohibidas por su contenido, tal es el caso de Sol Redondo, que se cantaba a capella y en voz baja, pues algunos de sus versos hacen referencia al trato que tenían en la hacienda.

“Sol tú que eres tan parejo para repartir tu luz, habías de enseñarle al amo a hacer lo mismo que tú. No que el amo nos hambrea y nos pega y nos maltrata, mientras que en nosotros tiene una minita de plata” Sol Redondo (fragmento) – D.P.
     Sol Redondo es un canto que recopilaron los maestros Jorge Campos Espino y Fernando Edrehira Macías, por medio de las señoras Consuelo Gutiérrez y María Flores, en el municipio de Tepezalá, lugar en el que del 20 al 30 de mayo se realiza la Feria Regional en honor del Señor de Tepezalá, que otrora, se encontraba en el municipio de Asientos. Es de reconocer la labor que se ha hecho este año en dicha Feria, ya que, por primera vez se realiza un espectáculo denominado “Raices” al estilo del “Ferial de Aguascalientes” en el cual, se presentan la Danza de Indios de Tepezalá, bailes tradicionales del estado y donde también se interpreta Sol Redondo.




FUENTES


ARGÜELLES, Juan Domingo. Antología, Premio de Poesía Aguascalientes, 1968-2007, 40 años. Instituto Cultural de Aguascalientes. Centro de Investigación y Estudios Literarios de Aguascalientes. México, 2007.

BONFIL Batalla, Guillermo. De culturas populares y política cultural. En BONFIL Batalla et al. Culturas populares y política cultural. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Dirección General de Culturas Populares e Indígenas. México, 1995.

ENGEL, José Luis. Efemérides de Aguascalientes Históricas y Culturales. Editorial Filo de Agua. México, 2000.

GÓMEZ Serrano, Jesús. Haciendas y ranchos de Aguascalientes. Estudio Regional sobre la tenencia de la tierra y el desarrollo agrícola en el siglo XIX. Universidad Autónoma de Aguascalientes. México, 2000.

__________________. Las haciendas. En ROJAS, Beatriz. GÓMEZ Serrano, Jesús. REYES Rodríguez, Andrés. CAMACHO Sandoval, Salvador. REYES Sahagún, Carlos. Breve historia de Aguascalientes. El Colegio de México. Fideicomiso Historia de las Américas. Fondo de Cultura Económica. México, 1994.

REYES Sahagún, Carlos. El Tema es Aguascalientes, 10 años de textos del Ferial. Instituto Cultural de Aguascalientes. México, 2004.

____________________. Ketzal vuelve al camino. En KETZAL. Por los caminos de Aguascalientes. Instituto Cultural de Aguascalientes. Gobierno del Estado de Aguascalientes. México, 1998. Grabación Sonora en KCT.

VELASCO García, Jorge Héctor. El Canto de la Tribu. Un ensayo sobre la historia del movimiento alternativo de música popular en México. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Dirección General de Culturas Populares e Indígenas. México, 2004.



viernes, 7 de mayo de 2010

“LAS HUELLAS CONDUCEN AL MUSEO DE AGUASCALIENTES… o por lo menos fue el mejor pretexto”





     El 28 de febrero fue el último día que estuve en el Museo de Aguascalientes, ese lugar lleno de vida, de muerte, de historia y recuerdos, de vivencias, de arte, pero sobre todo, lleno de ausencias.

     De colegio católico a museo, el de Aguascalientes es uno de los baluartes artísticos del estado, pues en él se encuentra buena parte del quehacer de grandes personalidades locales y extranjeros. Construido en 1904, el colegio católico fungió como tal durante pocos años, pues a finales del porfiriato concluyeron sus actividades, sin embargo en 1914, siendo gobernador del estado Alberto Fuentes Dávila se acondicionó el espacio para la creación de la Escuela Normal para Varones, la cual fue clausurada a tan solo un año de haber sido creada. Años después se instalaron en la finca, el Liceo de Niñas y la Escuela Normal para Maestras; para estas acciones se requirió la ampliación del lugar, se construyó entonces el segundo patio y se modificó la fachada y pórtico, dichas remodelaciones estuvieron a cargo del Arquitecto (Post Mortem) Refugio Reyes Rivas, creador del Templo de San Antonio, que se encuentra frente al museo.

“En los años 30 estaba sentado mi abuelo en la plaza principal con un grupo de amigos cuando pasó el Ingeniero J. Pani y, con sorna, le dijo: “Adiós arquitecto sin título”, a lo que el abuelo contestó: “Adiós título sin ingeniero”. Consciente de su valía, el abuelo firmaba “Arquitecto”, pues aunque estaba desligado de la enseñanza de una escuela, se desenvolvía libremente y su capacidad conjuntaba un compendio de arquitectura en todas sus obras” (ROMO, 2006, 24)
     En 1975, debido al deterioro del inmueble la Escuela Normal fue reubicada, abandonando nuevamente la finca, que posteriormente quedaría a cargo del Instituto Nacional de Bellas Artes para su reconstrucción y adecuación museográfica, así en el mismo año fue reinaugurada como lo que hasta ahora es; el Museo de Aguascalientes, joya arquitectónica del estado, patrimonio cultural de los aquicalidenses y casa de los grandes artistas de Aguascalientes, Fernández Ledesma, Reyes Rivas, Herrán, Contreras.

“El edificio fue objeto de otra remodelación autorizada por el gobernador J. Refugio Esparza Reyes, la restauración fue dirigida por el arquitecto Flavio Salamanca, jefe del Departamento de Arquitectura del INBA, el Museo de Aguascalientes fue inaugurado el 22 de octubre de 1975, como parte de los festejos del IV Centenario de la Ciudad de Aguascalientes” (ENGEL, 1997, 282)
     En su interior, el Museo de Aguascalientes presenta las obras que conforman su propia colección, así como de colecciones familiares; entre los autores que destacan en la misma y principalmente a quienes está dedicado el museo son los conocidos tres grandes artistas de Aguascalientes:

Gabriel Fernández Ledesma – De quien sobresalen sus obras en grabado, dibujo y su “Eterna Lucha” (Que es la obra preferida de quien esto escribe).

Saturnino Efrén de Jesús Herrán Guinchard – Lamentablemente y no, las obras de Saturnino Herrán no siempre se encuentran en el Museo de Aguascalientes, primeramente porque parte del total de sus creaciones se puede observar en el Museo Nacional de Arte y ya que, de nuestro estado suelen salir sus cuadros a diversas latitudes del orbe, por cierto la idea de que en Aguascalientes se tuviera parte de su obra, se debe al poeta y promotor cultural Víctor Sandoval; es así como se obtiene para el Museo de la Ciudad, los bocetos de “Nuestros Dioses” el friso que engalanaría el Palacio de Bellas artes, expuesto se encuentra también “El Gallero” y una copia de varios metros de altura, se localiza recibiendo a los visitantes en la Carretera 45 Norte, tristemente su visibilidad se ve opacada ahora por la magnificencia de un nuevo centro comercial. 
“Pienso de nuevo en la grandeza, varias décadas oculta, de Saturnino Herrán. ¿Por qué nadie dudó de su maestría pero pocos se abocaron a mirarla en los cuadros directamente? Salgo de nuevo al patio simétrico y me inunda una ola gigantesca de luz azul y me digo, como quien dice para su coleto, que la obra de Saturnino Herrán está hecha de la madera de para siempre, de todavía y un día” (CAMPOS, 2002, 45)
Jesús Fructuoso Contreras “El Divino Manco” – Cuyas obras fueron comenzadas a recopilar en Aguascalientes después de 1963, a casi 60 años de su muerte, ahora el Museo de la Ciudad cuenta con las esculturas en bronce de las divinidades prehispánicas que estaban olvidadas en el mercado “Abelardo Rodríguez” de la Ciudad de México y que posteriormente algunas de ellas fueron colocadas a las afueras del Casino de la Feria; se resguarda además una copia de “Malgré Tout” (la original se encuentra en la Ciudad de México, otra copia existe en Luxemburgo) Malgré Tout “A pesar de todo” es una de las tres obras de Jesús F. Contreras hechas solamente con la mano izquierda (“El Beato Calazans” y “La Inocencia” están en posesión de sus hijos).

“Ante el cadáver del divino manco rindieron tributo todas las clases sociales e intelectuales, porque en vida prodigó caridad, amor y belleza (…) No podían faltar las notas de Manuel M. Ponce, que dedicó al escultor una danza para la mano izquierda, intitulada . Es la primera obra pianística escrita a un manco. es una joya musical, desgraciadamente casi desconocida Lacónicamente dedica Ponce a su paisano - A la memoria del malogrado escultor Jesús F. Contreras -  y lo fecha en el año de 1900” (LÓPEZ, 1963, 304)
     El Museo de Aguascalientes, con salas llenas de arte, de historia pero ávidas de visitantes, sus muros resguardando la obra de los tres grandes de Aguascalientes; de igual manera, la sala Jesús Díaz de León regularmente alberga exposiciones de artistas y temáticas diversas, es así que con motivo del Bicentenario del Inicio de la Independencia de México, en dicha sala se encuentra aún, la exposición “Las Huellas de Don Miguel Hidalgo y Costilla” que consta de 54 piezas, entre pinturas, documentos, objetos personales y sacros del Padre de la Patria, dicha exposición llegó a Aguascalientes hace un par de meses siendo abierta al público de forma gratuita (cuestión digna de reconocer) mas, lamentablemente este 9 de mayo cierra sus puertas para continuar su travesía por diversos puntos de la republica.

     Para quien esto lea antes de la fecha mencionada, será posiblemente 8 de mayo, día perfecto para visitar el Museo de Aguascalientes y observar – disfrutar de “Las Huellas de Don Miguel Hidalgo y Costilla” nacido en Corralejo, Guanajuato, un 8 de mayo de 1753.




FUENTES


CAMPOS, Marco Antonio. Saturnino Herrán en Aguascalientes y la Ciudad de México. Editorial Filo de Agua. México, 2002.

ENGEL, José Luis. Diccionario General de Aguascalientes. Gobierno del Estado de Aguascalientes. Instituto Cultural de Aguascalientes, México. 1997.

________________. Efemérides de Aguascalientes Históricas y Culturales. Editorial Filo de Agua. México, 2000.

LÓPEZ Alonso, David. Jesús F. Contreras. En ACEVEDO Escobedo, Antonio. Letras sobre Aguascalientes. Instituto Cultural de Aguascalientes, México, 1963.

ROMO Reyes, Esther Eugenia. Mi abuelo Refugio. En PARTEAGUAS. Revista del Instituto Cultural de Aguascalientes. Otoño 2006, Año 2, No. 6.

PORTAL OFICIAL DEL GOBIERNO DEL ESTADO DE AGUASCALIENTES. www.aguascalientes.gob.mx

ROSALES Hernán. Jesús F. Contreras. En ACEVEDO Escobedo, Antonio. Letras sobre Aguascalientes. Instituto Cultural de Aguascalientes, México, 1963.




viernes, 23 de abril de 2010

“UNA ESTRELLA PARA PONCE”




Considero un deber de todo compositor
mexicano, ennoblecer la música de su patria,
dándole forma artística, revistiéndola
con el ropaje de la polifonía y conservando
amorosamente las melodías populares,
que son la expresión del alma nacional.
EPITAFIO DE MANUEL M. PONCE


     Sin tener idea de cómo llegar, bajé en la Estación Constituyentes del Metro de la Ciudad de México; cerca de la salida se encuentra el Panteón de Dolores, en el cual reposa el cuerpo de Manuel María Ponce Cuellar, zacatecano de nacimiento, aguascalentense por adopción y fallecido en la capital del país.

     Manuel M. Ponce, nació el 8 de diciembre de 1882, en Fresnillo, Zacatecas, y con varios días de nacido (algunos afirman que a cuatro días de su nacimiento, otros que a un par de meses) su familia decide trasladarse a la ciudad de Aguascalientes, en la cual vivió buena parte de su vida y en donde comenzó sus estudios musicales desde sus cuatro años, a cargo de su hermana Josefina y para 1890 inició clases formales de piano con Cipriano Ávila, momento en que compuso su primera obra, La danza del sarampión.

“En cierta ocasión, en el Restaurante Vasco, se acercó al maestro el señor licenciado Manuel Pacheco (zacatecano) y le dijo: “Qué gusto en saludarlo, paisano”, a lo que Ponce contestó: “Paisano no, vecino” Una afirmación más del amor que siempre sintió por su estado casi natal” (LÓPEZ, 1950, 300)
     Manuel M. Ponce (Director de la Orquesta Sinfónica Nacional 1917 – 1920), junto con José Pablo Moncayo, Blas Galindo, Carlos Chávez, entre otros, conforman una rama de la música mexicana que se enfocó en retomar elementos de la música tradicional y popular del país, para transformarla a la estructura de la música clásica, a crear un “Folklore Estilizado”. De ahí que las obras de éstos y varios compositores más, sean difundidas en todo el país y en el extranjero como una representación de lo que es en sí mismo, México.

     Cimiente del nacionalismo musical, Ponce representó en sus creaciones, parte de la idiosincrasia y tradición musical y literaria de Aguascalientes y del país, su obra ha sido considerada como música popular y también como música culta, tanto por su apego a las raíces del terruño, como a las significaciones artísticas del momento.

“Como todos los nacionalismos, el mexicano se inició como una búsqueda de una identidad sonora, pero en su camino transformó y amplió las posibilidades expresivas y técnicas de su arte, permitiendo así el ingreso de la música mexicana a la contemporaneidad” (MORENO, 1989, 18)
     Desde obras sinfónicas como Chapultepec o Ferial, sus obras para guitarra, como el Concierto del Sur, sus creaciones para piano, tales como Intermezzo, hasta creaciones de corte más popular, como lo puede ser A la Orilla de un Palmar, escribió Manuel M. Ponce piezas para guitarra, violín y piano; sin embargo de sus creaciones, tal vez sea la mayormente difundida, “Estrellita”.

“Estrellita se ha editado por millares. Grabaciones y arreglos para distintas tesituras e instrumentos. Esta mexicanísima canción es la más universal de cuantas se han escrito en el orbe (…) Las palabras sencillas de los versos también se apegan a la tradición romántica mexicana. Letra y música son del mismo autor. Formó con ellas un conjunto perfecto e inspirado. La religión, la ciencia, la filosofía y las artes, con sus diferentes puntos de vista convergen hacia las estrellas: el microcosmos ante el macrocosmos. Quizá ésta sea una causa por la cual Estrellita la interpretan diferentes razas” (LÓPEZ, 1950, 300)
     La música de Manuel M. Ponce ha logrado trascender a lo local, regional y nacional, para convertirse en lo que sin duda alguna, puede calificársele como patrimonio mundial, equiparándolo con compositores de la talla de Mozart, Bach, entre otros; sin demeritar a otros grandes compositores nacionales, mas, las creaciones de Ponce, a diferencia de, por ejemplo los Sones de Mariachi de Blas Galindo, o el Huapango de José Pablo Moncayo, basados en canciones tradicionales, Ponce desarrolló un estilo peculiar que, sin separase de la tradición musical del país, al no retomar fielmente obras ya existentes, sino proponer composiciones totalmente nuevas.

     Manuel M. Ponce fue galardonado con el Premio Nacional de Ciencias y Artes en 1947, nombrado miembro del Seminario de Cultura Mexicana, director de la Escuela Nacional de Música y fundador de la Cátedra de Folklore en dicha institución; sin embargo, fallece en la Ciudad de México el 24 de abril de 1948. La capital del estado en plena verbena abrileña, a un día de festejar a San Marcos, patrono de la feria; la noticia llega a quienes convivieron con él en su infancia y juventud, no faltó quizás alguien que interpretara alguna de sus melodías al momento de conocer el hecho, tal vez, muchos asistieron al Jardín de San Marcos, a las afueras de su casa en la Calle Hebe, ya conocida entonces con el nombre del compositor, que en 1941 develara la placa que adjudicaba su nombre a dicha arteria.

“El día de San Marcos de 1948 nos hallábamos en una fiesta campestre en la Huerta Games, bajo este sol de Aguascalientes que parecía una naranja de fuego. Los invitados de la feria tradicional de mi tierra departíamos con un buen ánimo bajo los árboles, entre los viejos afectos, cuando a alguien se le ocurrió dedicar un minuto de silencio en honor de quien a aquella hora descendía en la capital al perpetuo descanso del polvo (…) De pronto surgieron en la tarde las notas purísimas de un violín. “Marchita el alma” y “Estrellita” resonaron con la grave ternura de los adioses, en aquel aire que en otro tiempo inspiró al maestro, fue inevitable que los ojos no se llenaran de lágrimas” (ACEVEDO, 1949, 74)
     Aún con su muerte, Ponce ha seguido vivo en la música popular del país, no en la medida que en su momento tuvo; hoy generaciones han olvidado por completo el nombre de Manuel María Ponce Cuellar, por ende, su obra; y no por nada, hoy no se difunden sus creaciones más que en algunas estaciones radiofónicas de corte cultural, escasas por cierto en nuestra entidad; en las escuelas no se menciona siquiera en nombre del compositor, sólo en el Instituto que lleva su nombre, el Centro de Estudios Musicales Manuel M. Ponce, al cual, desde un punto de vista meramente personal, le haría falta el retomar la visión de la cultura tradicional mexicana en su enseñanza.

“Somos un país sin memoria; la más joven generación de compositores ignora despectivamente el grueso de la obra de Manuel M. Ponce y aun de Carlos Chávez. El desconocimiento de la obra de autores no establecidos en el santoral oficial como Miguel Bernal Jiménez o José Pablo Moncayo es absoluto” (MORENO, 1989, 24)
     Manuel M. Ponce, el compositor aquicalidense es olvidado poco a poco por los niños y por los jóvenes, gran labor la de retomar aunque sea una vez por año su música en un pequeño festival denominado “PONCEFONÍA” en el cual se muestra parte de su repertorio, tarea nuestra, asistir a estos eventos, difundirlos y por qué no, exigir cada vez más calidad en el mismo, por qué no realizarlo a una escala regional o nacional, cada quien desde su perspectiva, desde sus oportunidades, homenaje sencillo sería tal vez ir a escuchar este 24 de abril su música en el Jardín de San Marcos, frente al que fuera su hogar; yo estaré ahí, por si alguien gusta; Ponce lo merece.

     Ya en el Panteón de Dolores de la Ciudad de México, recordé la fuente ubicada en la parte posterior de la Exedra, en la plaza principal de Aguascalientes, dicha fuente cuenta con la siguiente inscripción: “AGUASCALIENTES A MANUEL M. PONCE” así mismo, es posible darse cuenta que, la estatua que acompaña dicho epígrafe, es una réplica del monumento funerario que se encuentra en su tumba.





FUENTES


ACEVEDO Escobedo, Antonio. En el aniversario de Manuel M. Ponce. En ACEVEDO Escobedo, Antonio. Letras sobre Aguascalientes. Instituto Cultural de Aguascalientes, México, 1963.

ARELLANO Olivas, Ma. Del Carmen. SANDOVAL Cornejo, Martha Lilia. Los frutos ascendentes. Juegos Florales de la Feria Nacional de San Marcos 1931-1967. Gobierno del Estado de Aguascalientes, Instituto Cultural de Aguascalientes. México, 2002.

ARETZ, Isabel. América latina en su música. Ed. Siglo XXI. México, 1975.

ENGEL, José Luis. Diccionario General de Aguascalientes. Gobierno del Estado de Aguascalientes. Instituto Cultural de Aguascalientes, México. 1997.

________________. Efemérides de Aguascalientes Históricas y Culturales. Editorial Filo de Agua. México, 2000.

LÓPEZ Alonso, David. Manuel M. Ponce. En ACEVEDO Escobedo, Antonio. Letras sobre Aguascalientes. Instituto Cultural de Aguascalientes, México, 1963.

MORENO Rivas, Yolanda. Rostros del nacionalismo en la música mexicana, un ensayo de interpretación. Fondo de Cultura Económica. México, 1989

PORTAL OFICIAL DEL GOBIERNO DEL ESTADO DE AGUASCALIENTES. www.aguascalientes.gob.mx

PORTAL OFICIAL DEL CONSEJO NACIONAL PARA LA CULTURA Y LAS ARTES. www.conaculta.gob.mx

TOPETE Del Valle, Alejandro. Feria de San Marcos – Estampas y Recuerdos. Gobierno del Estado de Aguascalientes. México 1982.





martes, 13 de abril de 2010

“TODO POR LEER EN EL JARDÍN”



“Cuando leo me lleno de vida, y cuando escribo,
esa es otra parte de la guerra que estoy haciendo”
ERNESTO GUEVARA DE LA SERNA


     ¿En serio te gusta leer? Me preguntaron hace tiempo; no recuerdo quien, lo que sí viene a mi memoria es el hecho de que la pregunta surgió en una plática telefónica un domingo por la mañana, cuando me encontraba sentado en el Jardín de San Marcos, con un libro en las manos.

     Por antonomasia, símbolo de nuestro estado, el Jardín de San Marcos representa uno de aquellos aspectos provinciales, hoy casi perdidos, del viejo Aguascalientes; el terreno que ocupa dicho jardín, fue valuado en 400 pesos y otorgado el 3 de mayo de 1931, ocupa un rectángulo de 168 metros de largo por 88 metros de ancho; sin embargo el jardín no sería en sí mismo lo que es sin la balaustrada que lo rodea, la cual comenzó a construirse el 9 de marzo de 1842, siendo Gobernador del Estado, el General Nicolás Condell; y fue hasta 1847 cuando se finalizó la obra.

     Realizado en cantera rosa y con un estilo neoclásico, el Jardín de San Marcos cuenta con cuatro puertas, las cuales se dirigen a los cuatro puntos cardinales, siendo la puerta poniente la mayormente conocida por la ubicación frente al Templo que da nombre al jardín. No obstante, tanto la balaustrada como el interior ha sufrido modificaciones al paso del tiempo, por ejemplo hubo un tiempo en que se acondicionaron más puertas, ahora en las esquinas del jardín, aunque no de la misma forma que los cuatro accesos principales, además los remates de la balaustrada han sido cambiados de ser macetas, a solamente imitar la forma de jarrón.

“¡Ay, que el jardín mutilado llora por sus cuatro esquinas! (…) ¡Ay, el Jardín de San Marcos, alhaja de la provincia…! ¡Qué dirá Enrique Fernández Ledesma, cuando describa el sacrilegio de haberte cortado las cuatro esquinas!” (REYES, 2002,41)
     El Jardín de San Marcos se encuentra ubicado en el barrio del mismo nombre entre las calles Manuel M. Ponce, Enrique Fernández Ledesma y Jesús F. Contreras, personajes emblemáticos de dicho jardín, anteriormente el jardín se rodeaba de personajes mitológicos, pues las calles que lo circundaban eran las de Flora, Hebe y Juno, por cierto la casa de Manuel M. Ponce se encuentra en la que fuera la calle de Hebe, hoy con el nombre del compositor.

“En una de tantas anécdotas teñidas del color local de la leyenda, se dice que en el Jardín de San Marcos, el jardín de más honda tradición de la ciudad, cerca de la puerta sur, se reunían el joven Manuel M. Ponce y los adolescentes Ramón López Velarde y Saturnino Herrán. Se habla aun una fuente, y sentados en ella, los tres deliberaban sobre la necesidad del impulso del arte criollo en el país, lejos del folclorismo indígena y de las vistosas españoladas” (CAMPOS, 2002, 19)

     Cierto o no, lo interesante de esto es que de haber ocurrido así, hoy en día continúan sucediendo dichos encuentros, ya no en persona, sino en la nomenclatura de las calles que rodean al jardín. Costumbre aún persistente esa de ir a platicar al jardín, sobre todo en tiempo de la Feria de San Marcos (hoy Feria Nacional / Internacional de San Marcos); el jardín ha sido testigo fiel de la verbena abrileña, siendo parte de la evolución de la misma y del uso que se le ha dado al propio jardín; por ejemplo el tiempo en que los tapancos se encontraban a las afueras de él.

“A la izquierda se ubicaban los tapancos, construidos al nivel de la balaustrada, sobre la calle de Manuel M. Ponce, y a los que se entraba por escaleras emplazadas en el jardín. Ahí estuvieron El América, el Pierre Marqués, El Negrete, El Barón Rojo, La Terraza de las Américas, El Cuchicheo, y en sus tablas se bailaba al ritmo de la música de orquestas como las de Chucho Márquez, Ladislao Juárez Ponce y Beto Díaz” (REYES, 2004, 29)

     Y es que los tapancos formaron parte fundamental de las recreaciones feriales, lamentablemente fueron siendo removidos poco a poco, desde su espacio físico hasta del público que lo frecuentaba, pues, ir a un tapanco era sinónimo de sana diversión y de respeto, cuestión que cambió por completo, los tapancos fueron reubicados fuera del jardín, para ser colocados cerca de la Expoplaza y posteriormente en uno de los espacios que hoy ocupan la velaría de la feria; a estos últimos tapancos asistían los (conocidos peyorativamente como) “Cholos”, tapanco se convirtió en símbolo de desorden, de riñas, de peligro, pues incluso transitar cerca de ellos (de los tapancos) resultaba “peligroso”, aunque realmente no lo era tanto. Con la construcción de la velaría ferial, los tapancos fueron nuevamente reubicados, ahora sobre la Avenida Lienzo Charro, sin embargo no prosperaron; hoy en un abandonado taller mecánico, sólo sobrevive uno de ellos, El Barón Rojo.

     Sobrevive también la tradición musical del Jardín de San Marcos, pues aún permanece la bella y sana costumbre de escuchar a la Banda Sinfónica Municipal o a un mariachi en el kiosko del jardín, o asistir a las llamadas “Tardes Danzoneras” que el Gobierno Municipal ha organizado desde hace ya varios trienios. Por cierto, de hace unos cuanto años a la fecha, el Ayuntamiento colocó varios pares de bocinas al interior del jardín, para que quienes lo visiten por las mañanas puedan escuchar obras de Bach, Mozart, Strauss y otros compositores, mayormente extranjeros, buena idea; sin embargo no sería más conveniente que quien transita por el jardín, escuchara la obra de Manuel M. Ponce, o de Silvestre Revueltas, Moncayo, o por qué no, la música tradicional de nuestro país y de nuestro estado; no caería mal que por dicho medio se difunda la obra local y nacional.

     Incluso el kiosko del Jardín de San Marcos ha sufrido modificaciones, originalmente no existió, pues en su lugar se encontraba una pequeña fuente, aproximadamente a mediados del siglo XIX, la cual llevó el nombre del pintor aquicalidense, Saturnino Herrán. Posteriormente se colocó el primer kiosko sobre la citada fuente, los kioskos que han ocupado el centro del jardín han ido recorriendo varias plazas del estado, pues los removidos han sido reubicados en el Jardín de Guadalupe, en la explanada de Expoplaza (el cual se retiró para construir el bongee que sólo se utiliza en las fiestas de abril), en el Morelos, y así han ido recorriendo los distintos espacios públicos hasta llegar al lugar en el que ahora se encuentran. Incluso el kiosko formó parte de la historia de la Revolución Mexicana, cuando en la Soberana Convención Revolucionaria, los asistentes paseaban por el jardín o cuando en 1915 se presentó la banda de música de la División del Norte, dirigida por el maestro zacatecano Don Pomposo Caballero.

“Al fondo de una calle señorial – la de la Merced – recorta el famoso parque su masa verde (…) se han abierto, en las esquinas, unas entradas, rompiendo la vieja fábrica de piedra de su balaustrada. En una fuente – nueva también – se lee el nombre de Saturnino Herrán, preclaro hijo de Aguascalientes. Pero ¿esto es lo que hizo mito en mi recuerdo y yo me representaba como algo colosal, fantástico? Sí, esto es. Ésta es la balaustrada que otrora fuera barrera infranqueable a mi paso y vadeaba metiéndome entre sus columnas. Una balaustrada que me da al pecho. El laberíntico bosque se reduce a unos prados – tan desaliñados como toda la ciudad – entre los que corren unos hilitos de agua. Unos hilitos de agua que en mi recuerdo eran ríos. Ríos en los que eché muchos barcos de papel” (MAGDALENO, 1963, 310)
   
     Siempre rescatado y nuevamente olvidado, el Jardín de San Marcos sigue siendo el punto central de la verbena abrileña, aunque en la actualidad sea solamente el recuerdo simbólico de su origen, pues en la temporada ferial ya es muy poco visitado. Jardín de San Marcos que aún con el paso del tiempo, mantiene firmes sus columnas, sus puertas, que en el ocaso muestran a un sol imponente, cubierto por el contraluz de la cantera rosada que le antecede, jardín de la frescura matinal y hogar de ardillas que brincan de rama en rama y que comen de la mano de los paseantes que a ellas se acercan; jardín que encierra la leyenda de Las Platas, aquellas jóvenes que escondían su tesoro bajo un granado, o la del Encapuchado del jardín; San Marcos, jardín de laureles, pinos, fresnos y un gran cúmulo de flores que ornan las cercanías de las bancas de hierro forjado, en las que más de alguna ocasión se pudo escuchar el silbato del tren que llegaba a La Estación.

     Labor nuestra la de rescatar el Jardín de San Marcos, darle vida nuevamente, recorrer sus pasillos y andadores, disfrutar del aroma de las flores al iniciar el día, de conservarlo de mantenerlo vivo, no sólo en su estructura, sino en su esencia, en su historia y en su aporte a la vida de nuestro terruño, devolvámosle la vida y las historias que en él hemos forjado, las experiencias infantiles, familiares y personales que en su interior se han realizado; seamos participes de la vida de la ciudad, de la vida de nuestra sociedad, de la vida del Jardín de San Marcos.

“Jardín de San Marcos, guirnalda de flores, luz y turbulencia de gozos y amores. Bajo los perfectos ojos de tus arcos pasa la vehemencia viril y galana de esta apasionada tierra provinciana” (GAMES, 1963, 259)

En uno de esos domingos por la mañana, hice una pausa en mi lectura y me pregunté… Quién construyó el Jardín de San Marcos…





FUENTES


CAMACHO Sandoval, Salvador. La vuelta a la ciudad de Aguascalientes en 80 textos. Consejo de la crónica del estado de Aguascalientes, Instituto Cultural de Aguascalientes, Universidad Autónoma de Aguascalientes. México, 2005.

CAMPOS, Marco Antonio. Saturnino Herrán en Aguascalientes y la Ciudad de México. Editorial Filo de Agua. México, 2002.

ENGEL, José Luis. Diccionario General de Aguascalientes. Gobierno del Estado de Aguascalientes. Instituto Cultural de Aguascalientes, México. 1997.

________________. Efemérides de Aguascalientes Históricas y Culturales. Editorial Filo de Agua. México, 2000.

GAMES Orozco, Edmundo. San Marcos. En ACEVEDO Escobedo, Antonio. Letras sobre Aguascalientes. Instituto Cultural de Aguascalientes, México. 1963.

MAGDALENO, Mauricio. San Marcos. En ACEVEDO Escobedo, Antonio. Letras sobre Aguascalientes. Instituto Cultural de Aguascalientes, México. 1963.

PARTEAGUAS. Revista del Instituto Cultural de Aguascalientes. Otoño 2006, Año 2, No. 6.

PORTAL OFICIAL DEL GOBIERNO MUNICIPAL DE AGUASCALIENTES. www.ags.gob.mx

REYES, Ruiz, J. Jesús. Romance de los cuatro barrios. En ARELLANO Olivas, Ma. Del Carmen. SANDOVAL Cornejo, Martha Lilia. Los frutos ascendentes. Juegos Florales de la Feria Nacional de San Marcos 1931-1967. Gobierno del Estado de Aguascalientes, Instituto Cultural de Aguascalientes. México, 2002.

REYES Sahagún, Carlos. El Tema es Aguascalientes, 10 años de textos del Ferial. Instituto Cultural de Aguascalientes. México, 2004.

RODRIGUEZ Herrera, Mariano. Las Huellas del Che Guevara. Editorial De Bolsillo. México, 2004.

TOPETE Del Valle, Alejandro. Feria de San Marcos – Estampas y Recuerdos. Gobierno del Estado de Aguascalientes. México 1982.

miércoles, 24 de marzo de 2010

“SU GENTE BUENA LO RECUERDA DON ALEJANDRO”




Sed de infinito, ansia de eternidad
EPITAFIO DE DON ALEJANDRO
TOPETE DEL VALLE


     No tuve el agrado de conocer personalmente a Don Alejandro Topete del Valle, pero si hubiera tenido la oportunidad, pasaría horas y días enteros escuchando su plática, leyéndolo o qué se yo. Gracias a personajes como él, es que Aguascalientes cuenta con el sobrenombre de “LA TIERRA DE LA GENTE BUENA” y no sólo por haber sido el creador del lema de los escudos estatal y municipal, sino por el aporte a la cultura, a la historia y a la vida de su terruño. La obra de Don Alejandro Topete del Valle resulta amplia y difícil de detallar en líneas tan cortas; sin embargo, desde la más insignificante muestra de interés sobre su labor, hasta los homenajes por el centenario de su nacimiento, nos recuerdan la importancia de dicho personaje en la historia de nuestro estado.

     Don Alejandro nació un 17 de julio de 1908 en la Ciudad de Aguascalientes, misma que lo vería morir el 25 de marzo de 1999, hace ya 11 años. Profesor y Sargento Segundo del Colegio Militar, docente de la Escuela Normal y Bachillerato del Estado, del Instituto de Ciencias y Tecnologías, poeta, historiador autodidacta y por antonomasia, cronista vitalicio de Aguascalientes.

“Es difícil pensarlo, pero durante 50 años, entre 1930 y 1980, solo, sin apoyos de ningún género, mantuvo vivo el interés por la historia de su ciudad y su estado. Él no supo lo que era hacer historia y publicar libros en la época de las universidades… Enfrentando muchas el ninguneo y el desprecio oficiales, convencido del sentido profundo de sus afanes, don Alejandro supo mantener viva, a lo largo de cinco décadas, la flama del interés por nuestra historia, que es tanto como decir, por nuestros abuelos” (GOMEZ, 2005, 164)
     Quien estas líneas escribe, tuvo el primer acercamiento literario a Don Alejandro hace unos años, en Letras sobre Aguascalientes, el libro coordinado por Antonio Acevedo Escobedo y en el cual Topete del Valle colaboró con algunos textos, sin embargo, en más de una ocasión había escuchado nombrarlo, mas como antes se menciona, no tuve el gusto de conocerlo. De entre su quehacer, es posible y necesario mencionar la recopilación de documentos históricos del estado que, quienes ocupaban en su momento cargos públicos pensaron en desechar, mas por el afán de mantener viva la historia del estado, Don Alejandro recopiló dicha información.

     En torno a su producción literaria, (personalmente) su más grande aportación a la cultura de Aguascalientes fue la creación de los lemas que se pueden observar en los escudos, tanto del estado como del municipio capital; cuando, siendo Gobernador del Estado, el Ing. Jesús Ma. Rodríguez (1944 – 1950) se convocó al diseño del escudo y del lema, siendo ganadores el Lic. Bernabé Ballesteros y Don Alejandro Topete del Valle.

“Adoptado oficialmente por Decreto Número 157 de la H. Legislatura del Estado, fechado el 24 de mayo de 1946 promulgado el 3 de junio siguiente por el Gobernador del Estado y publicado en el No. 23 del Periódico Oficial del Estado correspondiente al 9 de junio del mismo año.- Fue autor del escudo el señor Lic. Bernabé Ballesteros y de la inscripción del mote, empresa o divisa, el Señor Alejandro Topete del Valle” (TOPETE, 1973, 1)

     BONA TERRA, BONA GENS, AQUA CLARA, CLARUM COELUM (Tierra Buena, Buena Gente, Agua Clara, Claro Cielo) es la inscripción con la que Don Alejandro será mayormente recordado (o por lo menos se espera), así como por el lema del escudo heráldico del municipio, en el cual se observa la siguiente leyenda: VIRTUS IN AQUIS FIDELITAS IN PECTORIBUS (Virtudes o Propiedades Terapéuticas que se Atribuyen a las Aguas y la Fidelidad Proverbial de los Corazones Aguascalentenses) que poco se ha difundido como creación de Don Alejandro; sin embargo, ambos son de gran calidad y necesarios de hacer mención.

     Así mismo, sus escritos han sido hasta la fecha, insuperables; no existe todavía algún escrito que en calidad de contenidos, se asemeje un poco al libro de Don Alejandro: Aguascalientes - Guía para visitar la Ciudad y el Estado; que, incluso con la gran cantidad de cambios que en el estado se han desarrollado, es el mayor ejemplo literario para poder conocerlo en su historia, tradiciones y costumbres. Por otra parte, libros como Teatro Morelos, Hechos y sucedidos en Aguascalientes, el Boletín de la Sociedad de Historia, Geografía y Estadística de Aguascalientes y Feria de San Marcos - Estampas y Recuerdos, son algunos de sus escritos más memorables; obvio sin dejar de lado sus conocidas Efemérides de Aguascalientes, publicadas originalmente en diarios locales como El Sol del Centro y El Heraldo, en donde también se publicaron poemas de quienes fueran los ganadores de las primeras versiones de los Juegos Florales, antecedentes del hoy Premio Nacional de Poesía. Cabe mencionar que Don Alejandro fue uno de los impulsores y organizadores de los Juegos Florales, junto con Pedro de Alba, Eduardo Balvanera y Jesús Reyes Ruiz.

“El certamen carecía de un órgano de divulgación establecido que garantizara la permanencia de los trabajos ganadores, y así, aunque algunos poemas fueron recopilados por Alejandro Topete del Valle (de 1931 a 1951) y otros se publicaron en diarios locales… Esta justa literaria, además, estimuló el ensayo histórico en el que destacaron Alejandro Topete del Valle y José T. Vela Salas” (ARELLANO, SANDOVAL, 2002, 6)
     A Don Alejandro Topete del Valle, se le complicaba escribir sus textos, según lo menciona el Dr. Jesús Gómez Serrano, pues tal vez poseía tal cúmulo de información que le resultaba difícil resumir en unas cuantas páginas su conocimiento, y no es de dudar que a Don Alejandro le fuera complicado hacerlo, su aprendizaje autodidacta y su amor por su estado hacen de la historia un aspecto inolvidable; cuestión que es posible discernir al leer alguno de sus libros, los cuales, por cierto, en su mayoría fueron financiados por él mismo a falta de algún apoyo gubernamental; de donde fuera posible, Don Alejandro conseguía recursos para publicar sus escritos, tal es el caso de Aguascalientes – Guía para visitar la Ciudad y el Estado, que en más de una ocasión ha sido publicado desde su aparición en 1973; o el Boletín de la Sociedad de Historia, Geografía y Estadística de Aguascalientes, auspiciado también por el propio Topete del Valle.

“Sus libros y artículos deben verse como lo que son: esfuerzos hechos por un historiador autodidacta, que no tenía plaza de profesor de tiempo completo en ninguna universidad ni era miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Sólo así, imaginándolo como luchador solitario, como una persona incomprendida pero poseída por el sentido de su misión, entenderemos el mérito de sus aportaciones” (GOMEZ, 2005, 165)
     Cuánta falta hace, hoy más que nunca Don Alejandro Topete del Valle, a once años de su muerte muchos ya olvidaron quien fue, o peor, aun no saben de su existencia; dónde se encuentran sus libros, dónde las efemérides que publicó o sus boletines; cierto es que se le puede leer en el Archivo Histórico del Estado (el cual lleva su nombre, en honor a su creador) sin embargo, dónde las publicaciones de organismos e instituciones educativas y culturales, por qué no retomar sus textos y publicarlos nuevamente en los diarios en que lo hiciera el propio Topete. No basta con que aquel que fuera su hogar por muchos años lleve su nombre, pero no es visitado o por lo menos conocido por la mitad de los aquicalidenses, retomemos esa parte de nuestra historia, la historia objetivamente subjetiva de quien la cuenta desde su trinchera.

     Lamentablemente nada permanece por siempre, y Don Alejandro falleció en la ciudad que tanto amó, un 25 de marzo de 1999, con más de 90 años a cuestas pero una vitalidad y cariño por su estado, como pocos. Don Alejandro murió, su obra no morirá mientras existan personas que lo sigamos leyendo y viviendo junto a él todos los momentos que relató. Se ha hecho ya una costumbre, enaltecer el trabajo de una persona, una vez que ha muerto; y Don Alejandro no podía ser la excepción, en 2000, a un año de su muerte fue galardonado con la Medalla José María Bocanegra al mérito ciudadano, que otorga el H. Congreso del Estado, siendo Don Alejandro el primero en recibirla, en manos de su esposa.

     A muchos años de la muerte de Don J. Refugio Reyes, creador de bellos elementos arquitectónicos del estado, como el Templo de San Antonio e incluso el Archivo Histórico del Estado, le fue entregado Post Mortem el Titulo de Arquitecto por la Universidad Autónoma de Aguascalientes, en dicho momento el rector de nuestra Alma Mater mencionó que por fin se cumplía uno de los sueños de Don Refugio, cuestión que la hija del arquitecto reprochó al afirmar que su padre nunca buscó obtener un título profesional, sino el desarrollar su labor. Por qué no recordar y exaltar la obra de Don Alejandro Topete del Valle así como se hizo con Don Refugio Reyes, por qué no otorgar el Titulo de Historiador Profesional (que aunque no le hace falta) lo merece. Don Alejandro sin estudios, supo hacer mucho más que los que ahora contamos con dicha facilidad; hagamos lo que esté en nuestras manos.

“Plaza de Aguascalientes, plaza mía, donde el <> yérguese como símbolo antiguo de omnímoda soberanía, reducido hoy a entrañable y típico motivo ornamental; tal se antoja como si fuera el fiel de una balanza que equilibrase las tendencias costumbristas entre el norte y el sur, o como antena que cosecha las palpitaciones de todos los rumbos, delo multiforme espíritu de México. A ti, plaza de mi provincia, he querido consagrar este homenaje de mi vieja ternura” (TOPETE, 1963, 437)
     Su Tierra de Gente Buena, Tierra Buena, Agua Clara y Cielo Claro quedará en deuda eterna con su cronista, labor nuestra la de rescatar su obra y hacerla llegar a las generaciones próximas, Don Alejandro Topete del Valle lo habría hecho.



FUENTES


ARELLANO Olivas, Ma. Del Carmen. SANDOVAL Cornejo, Martha Lilia. Los frutos ascendentes. Juegos Florales de la Feria Nacional de San Marcos 1931-1967. Gobierno del Estado de Aguascalientes, Instituto Cultural de Aguascalientes. México, 2002.

ECOS DEL TERRUÑO. Órgano de Difusión del Archivo Histórico del Estado de Aguascalientes. No. 37. Agosto 2008

ENGEL, José Luis. Diccionario General de Aguascalientes. Gobierno del Estado de Aguascalientes. Instituto Cultural de Aguascalientes, México. 1997.

________________. Efemérides de Aguascalientes Históricas y Culturales. Editorial Filo de Agua. México, 2000.

GÓMEZ Serrano, Jesús. Don Alejandro Topete, nuestro primer cronista. En CAMACHO Sandoval, Salvador. La vuelta a la ciudad de Aguascalientes en 80 textos. Consejo de la crónica del estado de Aguascalientes, Instituto Cultural de Aguascalientes, Universidad Autónoma de Aguascalientes. México, 2005.

PORTAL OFICIAL DEL GOBIERNO DEL ESTADO DE AGUASCALIENTES. www.aguascalientes.gob.mx

PORTAL OFICIAL DEL GOBIERNO MUNICIPAL DE AGUASCALIENTES. www.ags.gob.mx

REYES Sahagún, Carlos. Centenario de Alejandro Topete del Valle. En http://crisolplural.com/2008/07/21/centenario-de-alejandro-topete-del-valle-2/ (En línea).

TOPETE Del Valle, Alejandro. Aguascalientes – Guía para visitar la Ciudad y el Estado. México. 1973.

_________________________. Feria de San Marcos – Estampas y Recuerdos. Gobierno del Estado de Aguascalientes. México 1982.

________________________. Plaza Mayor. En ACEVEDO Escobedo, Antonio. Letras sobre Aguascalientes. Instituto Cultural de Aguascalientes, México. 1963.